domingo, 16 de febrero de 2014

Teenage Dirtbag -Prólogo

TEENAGE DIRTBAG -PRÓLOGO


Alexia Miller es una adolescente dificíl de escasos 17 años.  Siempre estuvo un tanto marginada de la vida social y sólo contaba con un amigo, su padre. Pero a los siete años una noche lo asesinaron, y Alexia se quedó sola. La música siempre fue su salvación, sin ella no sería nadie.
Por otro lado, un adolescente empedernido, chulo, creído y terriblemente sexy que se hace llamar Pain lleva viviendo en Daly City desde que tiene uso de razón, nadie conoce su verdadero nombre, nadie sabe a dónde va o de dónde viene. En el High Arts School todo el mundo le envidia pero nadie es capaz de acercarse a hablar con él por miedo a salir con un ojo morado. La música es su mayor secreto.
La típica chica buena en los estudios que a la vez reniega por completo de los hombres se choca de repente con su nueva vida a la que más la vale acostumbrarse rápido y aprender a morder antes de que la muerdan, y el típico chico malo que roba el almuerzo a los empollones y cada viernes sale de fiesta en busca de una buena juerga y un poco de alcohol para olvidar la mierda vida que tiene, un día se chocan de la forma menos habitual que pueda haber.
Ella le tiene miedo, es el malote de la ciudad, casi todas las chicas siempre se le quedan mirando, y la mayoría han dormido ya en su cama, pero siente una inexplicable atracción que la empuja a ir tras él y fantasear con dejar de pasar desapercibida ante su mirada. En cambio él la tiene calada, siempre la busca y intenta protegerla desde la distancia, pero por una extraña razón es incapaz de dejar de pensar en ella, hay algo familiar en su rostro cada vez que la mira, algo que le dice que no puede acercarse a ella para no hacerla más daño pero es incapaz al mismo tiempo de resistirse a sus encantos, la necesita de un modo salvaje.
¿Quién dijo que la música sólo eran notas sin sentido? A veces la música es el motor de la vida, puede incluso unir a dos personas con unos vínculos tan fuertes y unos pasados tan oscuros que pueden llegar a ser inseparables.



Andrea García

domingo, 9 de febrero de 2014

Epílogo -DTD

EPÍLOGO - DARE TO DREAM

-Chloe- Susurra- Chloe, ¿estás dormida?
-Sí, Louis, hace dos segundos sí.- Abro los ojos y veo frente a mí la sonrisa más bonita de la faz de la Tierra. Ya no tiene los ojos tan cansados, las cuencas oscuras que tenía antes bajo esos ojos esmeraldas ya han desaparecido y han dado lugar a unas pequeñas arrugas que aparecen cuando saca a relucir esa terriblemente sexy sonrisa. Además se puede apreciar que ha vuelto a recuperar su color, incluso debajo de las blancas luces de la habitación del hospital.
-Ups, lo siento.
-No pasa nada cielo.- Y me arranca una sonrisa. Se tumba junto a mí en el sillón para familiares que hay al lado de la cama del paciente. Su brazo me rodea los hombros y yo me dejo esconder junto a su pecho. Me besa la frente dejándome la huella de sus labios impregnada en ella.
-Fuiste muy valiente, ¿sabes?- Me dice. Me encojo de hombros y dejo escapar el aire que almacenaba en mis pulmones.
-No sé si fue valiente, más bien fui demasiado estúpida. Tenía la llave, no la dejé de llevar desde hace años, si se la hubiera dado nos habríamos ahorrado un montón de problemas. Por ejemplo tu espalda, ¿qué tal va, por cierto?
-Bien, es un dolor soportable. Y volviendo a lo de antes, tú no sabías que tenías la llave, no fue culpa tuya que yo acabara con la espalda abierta.- Y me estrecha más fuerte con sus brazos. Su aliento me acaricia el cuello y me pone el vello de punta. Echaba demasiado de menos el contacto de su piel contra la mía. No sé que hubiera sido de mí si hubiera perdido a Louis en aquella casa del terror, le debo a Kris más de lo que jamás podrá imaginarse.- Tobias está ya en la cárcel por lo que hizo, y te juró que lo pasará mal por todo lo que te hizo.- Y me besa la frente de nuevo.
-Louis, deja de pensar en mi un momento, a ti te hizo más daño que a mí.- Y le paso la mano lentamente por debajo de la camiseta de deporte que usa para estar aquí. Hace una semana que le ingresaron justo después de huir de la mansión de paredes blancas de Tobias, y por mágico que parezca ya tiene todas las heridas cicatrizadas, o al menos la mayoría. Las yemas de mis dedos recorren cada cicatriz una a una intentando borrar los recuerdos de todas ellas.- Menos mal para él que está encerrado en la cárcel, si llega a estar libre no querría ser él cuando le pillara. A lo mejor me compraba un látigo y todo, le haría pagar por todo lo que nos hizo, le haría cien cicatrices por cada una que tienes en la espalda.
Resopla y dice con una sonrisilla traviesa asomando por las comisuras de sus labios:
-Podría darse por muerto entonces.- Y se ríe, tan dulce, que me envuelve en un estado de tranquilidad que añoraba desde hace tiempo.- Oye, ¿y qué te parece si me haces pagar todos estos días sin tus labios? Dos besos por cada uno que me debes.- Enarca las cejas y las mueve de arriba a abajo. Nuestras miradas se encuentran y noto como saltan chispas del contacto. Me río y me acerco un poco más a él.
-¿Y cuántos te debo?- Digo en un tono demasiado bajo para que solo me escuche él y demasiado cálido como para que se le derritan los huesos bajo mi cuerpo.
-Creo que mil o cien mil, tú empieza y yo te digo cuando parar.- Me sonríe con picardía y ahora soy yo la que se derrite ante su sonrisa. Me acerco lentamente hacia sus labios y cuando estoy a milimetros de rozarlos se echa hacia atrás. Gruño y él se ríe. Me vuelvo a acercar, ya casi noto su aliento contra el mío, la idea de volver a besarlo después de tantas emociones me enloquece, pero cuando estoy apunto de hacerlo se vuelve a apartar unos centímetros.
-Me encanta provocarte- Susurra en mi oído.- te pones preciosa cuando lo hago.
Y entonces es él el que se abalanza hacia mis labios y los besa con fuerza. Me dejo llevar por la situación, intento recordar cada punto de contacto de sus labios con los míos. Su lengua juguetona busca incansable la mía, su aliento se mezcla con el mío. Sus labios finos y sensuales atrapan los míos. Sentir la presión de su boca con la mía hace que todo desparezca, parece que nada ha pasado entre él y yo, que todo a seguido su rumbo. Sólo él me hace sentir como en casa, aunque todo haya sido un calvario.
-Te echaba de menos.- Dice mientras deja un rastro de besos húmedos por mi clavícula.- Prométeme que jamás nos volveremos a separar, y si algún día me voy, cógeme y bésame para que recuerde lo que tengo a mi lado.
-Te lo prometo Louis. Además.. ahh.. no te será tan fácil huir de mí.- Y se ríe junto a mi piel. Su aliento me recorre todo el cuello, me eriza la piel de los brazos y él al darse cuenta me pasa sus manos cálidas por ellos.
-Te quiero, te quiero tanto que me dejaría pegar las veces que hicieran falta con tal de vivir esto todos los días.- Bajas sus manos por mis costados y las sube, tocando mi piel bajo la camiseta. Sus manos son fuertes y grandes, me aprietan más contra su pecho y yo solo dejo que la ola de calor que me atraviesa cada vez que me toca me enloquezca. No puedo pensar, todos mis sentidos apuntan hacia Louis, y bueno, me gusta dejarme levar por mi instinto. 
-Chloe, pequeña..- Dice mientras sus manos recorren el filo de mi sujetador. Mis manos baja por su torso marcado por los músculos y se agarran a las trabillas de sus vaqueros. Atraigo su cintura a la mía y gime bajo de mi. Sonrío y lo aprieto más.- Oh princesa me vas a volver loco...- Y me besa con fiereza. Algo revolotea en mi estómago y recorre mis venas, adrenalina. 
-Déjame que te vuelva loco, sólo esta noche.- Y le devuelvo el beso con más ganas de las que creía tener. Siento que soy adicta a saborear sus labios, lo haría una y otra vez hasta que se me desgastaran los labios a mí.
-Los chicos apareceran en cualquier momento.
-No, les dí la noche libre.- Le guiño un ojo y él se muerde el labio inferior. Capullo, sabe que eso me encanta. 
-La idea de hacerlo en un hospital no me atrae,- Me desabrocha el sujetador más rápido de lo que creí que podría hacerlo. Me estremezco de lujuria bajo sus portentosos brazos y escondo mi cabeza en su cuello. Me muerde el lóbulo derecho y las pulsaciones se me disparan.-, pero a la mierda todo, ven aquí pequeñaja. 
Y me agarra de la cintura y me da la vuelta quedando él sobre mí. Río juguetona y su mirada se torna oscura y irresistiblemente sexy. Le quito la camiseta y la lanzo al otro lado de la habitación. Empieza a subir la mía hasta que me la quita por completo. Me deshago de sus pantalones mientras él pasa un dedo juguetón por mi estómago, haciendo que arquee la espalda hacia arriba, con su mano agarra mi espalda y me aprieta más contra su pecho desnudo. 
-Me encanta ser el primero. Prometo no defraudarte.- Me besa los labios, baja por mi mentón, mi clavícula y mi pecho. Sigue por el estómago mientras algo ruge en mi interior y no puedo reprimir el gemido.- He fantaseado demasiado con este momento, espero hacerlo tan bien como en mis mejores sueños.- Y yo siento delirar con cada beso que deposita sobre mi piel.
-Te quiero Louis.- Digo entre algún gruñido y algún que otro gemido. Él sonríe y vuelve hacia mí. Me mira firme a los ojos, sin vacilar.
-Has sido, eres y serás siempre lo mejor de mi vida, contigo he superado la barrera del te quiero princesa.- Me roba un beso y yo río como una tonta.- Te adoro, te amo, te quiero más de lo que te puedes imaginar, y quiero hacer contigo esta noche más de lo que puedas pensar.
-¿Y a qué esperas?- Le muerdo el lóbulo y lo chupo, sabe a sal, como el resto de su cuerpo- Soy toda tuya. Siempre lo seré.


FIN DE "DARE TO DREAM"

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Hola!!!
Y esto es el final de la que para mí ha sido mi mejor novela  :)
Llevo todo el fin de semana estudiando pero me he obligado a sacar algo de tiempo para subiros el epílogo. Y como ya se ha terminado la fic de Louis, y toca empezar la de Liam he decidido darle un lavado de imagen al blog, lo he cambiado por completo y lo he dedicado más al mundo del fangirleo de la lectura, obviamente sin olvidarme de nuestros chicos :D
He puesto fotos de mis sagas preferidas, (Los Juegos del Hambre, Hush Hush, Divergente y Cazadores de Sombras) y de mis actores preferidos también, Jennifer Lawrence, Jamie Campbell y Josh Hutcherson ;) 
Volviendo al epílogo, ha sido muy cortito, lo sé, pero quería que fuera corto e intenso, ¿cómo lo habéis visto vosotros?
Espero subiros el prólogo de la próxima fic en esta semana. El nombre elegido al final para la protagonista es... ALEXIA. Gracias a todos por votar, pondré nuevas encuestas pronto, y no dejéis de votar en el botón superior derecho <<HispaBloggers>>.
Nos leemos en el próximo capítulo, muchos besos y gracias por haber estado conmigo una novela más y por esos últimos comentarios anónimos, os debo mucho. Xxx :)

martes, 4 de febrero de 2014

Capítulo 35 FINAL -DTD

CAPÍTULO 35
FINAL DE 
DARE TO DREAM 


-¡Louis!- Grito desesperada. Él alza aún más la cabeza mirando en mi dirección, pero solo puede hacer una mueca de dolor, sus brazos le fallan y se vuelve a caer para quedar tendido en el suelo.- ¡LOUIS!
Me da igual que las piernas no quieran reaccionar, deben hacerlo. Corro hacia él cayendo estrepitosamente a su lado. Le miro. Tiene los ojos inyectados en sangre, bajo de ellos hay dos aros oscuros que muestran su falta de sueño. 
Noto un nudo en la garganta tan agudo que creo que me está cortando la respiración. Le toco delicadamente la espalda, en cuanto las yemas de mis dedos tocan su piel, él solloza un grito tan fuerte que me asusto y aparto en un cerrar de ojos la mano de sus heridas. Veo como unas cuantas lágrimas caen sigilosas por sus mejillas y mi corazón deja de palpitar por un segundo.
-Louis...- Consigo murmurar. 
Su mano temblorosa encuentra la mía. La aprieto tan fuerte que temo hacerle daño. Me mira, la pena inunda sus verdes ojos, no puedo verle en ese estado.
-Pequeña, huye de aquí, lo más lejos posible.- Dice con una voz apenas audible.
-No, jamás sin ti.
-Nena, no me quieren a mí, te quieren a ti.- Me da un vuelco al estómago. Realmente no me quieren a mi, quieren la llave.- Me están torturando para hacerte daño y que les digas lo que quieren.
-Pues les ha salido mal el plan.- Me acerco más a él y cojo su angelical cara entre mis manos. Con la manga de la camisa me quito un par de lágrimas de la cara e inspiro.- Louis, no me voy a ir sin ti, te guste o no.
-Cielo te van a herir.- Preferiría que me metieran un balazo entre ceja y ceja antes que verle así, descompuesto, con las espalda llena de heridas que rebosaban de sangre roja y los ojos llorosos.
Siendo tan dulce y tierno, incluso con la espalda llena de heridas que no dejan de sangrar, no me ayuda nada. Quiero que se deje de preocupar de mí, ahora mismo tengo que jugar mi única carta, la supervivencia, y él está involucrado en ella y la tengo que jugar bien.
No hay más opciones, es a todo o nada.
Me inclino serena y con valentía hacia sus labios y los beso. Dejo que su sabor me llene por completo. Él me coge de la nuca y me atrae más a él. Sentir la presión de su boca contra la mía  me relaja todos los músculos, me aclara las ideas. Solo quiero sacarle de aquí. Entrelaza sus dedos largos y finos entre los míos, sus yemas heladas acarician mis nudillos y sus labios atrapan los míos.
-Pase lo que pase, quiero que sepas que te quiero.
-Louis..- Sollozo.- No va a pasar nada. Te lo prometo..- Clava su mirada en mí, y noto como poco a poco me hago más pequeñita. No sé si confía en que salgamos de esta, pero no quiero su confianza, sólo quiero que se levante y le pueda ayudar a huir de aquí.
-Vayámonos.- Declaró.
Me incorporó y le tiendo una mano. Como mejor puede se aferra a ella y se levanta cansado y lento. Las piernas le tiemblan como si de un flan se tratase. Paso su brazo por mis hombros y él entrelaza mi mano en la suya. Intento agarrarle por la espalda sin hacerle gritar de horror por haber rozado alguna herida pero no puedo ser más cuidadosa de lo que ya soy.
-Apóyate en mí, todo irá bien.- Y le beso la frente. Él solo suspira y se deja llevar, está demasiado débil como para andar solo, los párpados se le cierran de vez en cuando y noto como cada vez cierne más peso sobre mi espalda. 
Pero da igual, lo prefiero a tenerlo muerto.
Empezamos a andar pero cuando ni siquiera hemos dado dos pasos una figura alta y corpulenta nos bloquea la salida de la habitación. Demasiado grande como para pasar desapercibida, demasiado familiar como para no reconocerla.
<<Mierda, Tobias ha vuelto>>- pienso.
-Veo que ya has encontrado a tu otro rehén.
-Corrección: TU otro rehén.
-Bueno y cuéntame, ¿ibais a dar un paseo?
-Sí, a estirar las piernas nada más. Ah Tobias, bonita habitación- Le digo. Solo quiero distraerlo con una conversación inútil mientras pienso en una manera de salir de aquí. Él es mucho más alto que yo, su complexión es mayor que la mía, pero apuesto a que yo soy más inteligente que él.- Me gusta esa lámpara.
-¿Cuál? 
<<Louis perdóname por esto>>- Pienso.
Y le suelto rápidamente de mi agarre. El cuerpo moribundo de Louis cae estrepitosamente al suelo y la mirada de Tobias sigue la caída del cuerpo. Corro hacia la esquina izquierda de la habitación y cojo la lámpara de oro que hay. Tiro de ella arrancándole el cable del enchufe, para cuando Tobias se quiere dar cuenta de mi ausencia yo ya le estoy embistiendo. 
Me abalanzo contra él intentando darle un buen golpe que lo desestabilice y me dé unos minutos, o segundos, para poder actuar y salir corriendo de allí. Pero se da cuenta de que voy a por él y en un elegante y rápido movimiento se gira y coge la lámpara por el lado con el que le apunto, la coge y tira de ella. Me aferro a la lámpara con todas mis fuerzas, pero obviamente él me supera en fuerza y mis manos se empiezan a resbalar. Entonces tira y me arrebata la lámpara de las manos, del impacto soy yo la que se desestabiliza al final y retrocedo unos pasos para recuperar el equilibrio.
Me mira con sus ojos desafiantes, negros y profundos como dos pozos que no tuvieran final. Me doy cuenta que cuando se enfada le aparece una arruga entre los ojos, entre ceja y ceja. Si tuviera que admitirlo diría que estoy aterrada, pero no lo admito, me obligo a bloquear el miedo y a sacar fuerzas aunque no tenga. Noto la adrenalina correr por mis venas y un par de gotas de sudor recorrer mi nuca. No quiero darle pistas de que aún puede ganar esta batalla, porque no quiero que gane esta batalla.
No va a ganarla, no si yo aún sigo con vida.
-¿Qué? No me mires así, ¿pretendías matarme con una lámpara?- Suelta una carcajada que retumba en la habitación y me hiela la sangre.- ¿Tan desesperada estás?- Y mira a mi novio moribundo que yace boca abajo en el suelo.- Ah, veo que sí.- Por la comisura de sus labios aparece lo que se supone que es un sonrisa, pero cargada de terror y victoria. Se va acercando poco a poco. A cada paso que da me tiembla más el cuerpo. Estoy desarmada.
Estoy acabada.
-¿Qué quieres? ¿Matarme?- Digo intentando sonar lo más estable y apacible posible. 
Una parte de mí aún tiene esperanza de seguir con vida un tiempo más, no sé cuanto, unos minutos o horas, porque si hubiera querido matarme ya lo hubiera hecho antes, solo tiene que chasquear los dedos y ya hay doscientas pistolas apuntándome a la cabeza. Pero por otra parte, Tobias no es un tipo normal, a lo mejor está esperando el momento oportuno para chasquear los dedos, su asquerosa mente malévola sólo quiere verme sufrir, porqué a esas alturas del partido a todos nos ha quedado claro que tiene como hobbie torturar a la gente, y creo que en estos momentos encabezo su lista. Y si quiere hacerme daño, está en ello, torturando a mi bebé y a mi novio, quiere volverme loca, hacerme sufrir de un modo intolerable hasta que no pueda más y la tristeza y la desesperación se apoderen de mí y me coman las entrañas y sea yo misma quien acabe apuntándome con una pistola, pero se equivoca si ese es su plan, la vida ya me ha dado suficientes palos y a consecuencia de ello, si he podido sacar algo en ventaja de esas situaciones es que he desarrollado mi instinto de supervivencia y mis fuerzas. No me gusta rendirme a la primera, suelo luchar a contracorriente con un ímpetu sobrehumano hasta que las fuerzas o las ganas de salir a flote se acaben y puedan conmigo, entonces sé que todo está perdido.
Pero aún no se me han acabado.
Da dos pasos hacia mí y yo retrocedo tres con cierto aire nervioso. Me mira y en sus ojos veo todo lo que está disfrutando con esta situación.
-Sí, matarte sería un gran entretenimiento y me ahorraría hacer todo esto, pero no puedo. Tengo otra cosa preparada para tí.
Vaya esa respuesta no es la que me esperaba. Esconde la mano detrás de él y rebusca en su bolsillo. No para de acercarse cada vez más a mi, a paso lento pero decidido. Siento como me tiembla cada músculo y como mi corazón late a unas pulsaciones record. Y por fin parece haber encontrado lo que esperaba y saca la mano del bolsillo trasero. 
De la mano le cuelga una cuerda, pero no de tela o nylon, sino de metal. ¿¡Metal!? Parece un metal que tiene bastante movilidad y que no sirve para hacer muchos amigos la verdad.
-¿Y...- Me obligo a controlar todos mis nervios y terminar la frase, justo cuando mi espalda toca la pared del fondo de la habitación.-.. qué es eso que tienes preparado para mí?- Digo sin dejar de mirar la cuerda. Soy presa del pánico al darme cuenta de que no puedo huir más, estoy atrapada, por detrás de mí tengo la pared, por delante a un gilipollas integral con un látigo de metal.
Y yo que creía que mi vida era aburrida.
Y en un vistazo instantáneo veo como Louis reúne unas pocas de fuerzas y levanta su torso del suelo, al levantar la cabeza y no verme noto como me busca con la mirada y como todos los músculos de sus brazos y espalda se tensan. Vuelvo a dirigir la mirada a Tobias para que no vea que le estaba mirando.
-Cielo, no te asustes, es un cielo.- Dice el gilipollas integral. Me coge del mentón y me obliga a mirarle, levanta el látigo como si quisiera mostrármelo pero me prohíbo hacerlo, ya lo he examinado lo suficiente, cada vez que lo veo me aterro más y no es momento para asustarse.- Se llama preguntas y respuestas, yo te pregunto unas cosas y tú me respondes.
-Un nombre muy original, sí.- Digo sin un apéndice de humor en mis palabras.
-Lo gracioso del juego, verás te vas a reír cuando te lo cuente, lo gracioso es que si continuas con tu actitud de rebelde y no me das la respuesta que quiero escuchar, entonces este látigo acabará en tu piel, y bueno, veo que a tu novio le ha gustado bastante el juego, ¿no crees?
Sin mirarle recuerdo la primera vez que vi su espalda, llena de heridas desde el cuello hasta la parte baja de la espalda, todas derramando sangre a raudales. No tenía un centímetro de piel que no sangrara. Era imposible sostenerlo o simplemente acariciarlo, se retorcía de dolor y sé que aún lo sigue haciendo.
Cierro los ojos para retener las lágrimas y que no salgan disparadas por mis mejillas, no quiero mostrarme débil en su cara sino sabrá que soy vulnerable.
-¿Es ahora el momento en el que me tengo que reír o viene después cuando me azotes todo el cuerpo con tu látigo imparable?
-Empecemos.- Miro furtivamente a Louis que se empieza a sentar en el suelo.- ¿Dónde está la llave? 
-Vas directo al grano, ¿eh?- No dejo de mirar a Louis, que coge una bocanada de aire, y con las poquitas fuerzas que le quedan, se gira en nuestra dirección.
-No me gusta perder el tiempo, y menos que me lo hagan perder, así que contesta, ¿dónde esta la llave de tu madre?
Él no sabe lo graciosa que me resulta a mi la situación, mi madre murió hace años y me dejo en herencia unas cuantas cosas a las cuales no les atribuyo más importancia de la que debería, sólo son recuerdos, pero hace un año me asaltaron un grupo de criminales porque buscaban esos recuerdos ya que según me dijeron mi madre formaba parte de otro grupo de mafiosos y ellos buscaban objetos importantes para sus planes, ¿el por qué? Meses después sigo sin saberlo. Como no sé que buscaban ni su necesidad, no se los dí, así que me violaron y ya lo buscaron ellos por su propia cuenta saqueando mi casa. Me mude de Doncaster el que hasta ese momento fue mi hogar, y cuándo creí que me había alejado de toda esa mierda resulta que la mierda había venido a por mí, entonces ahora me secuestran a mí y a las dos personas más importantes de mi vida, que son mi hija y el chico por el que estoy locamente enamorada, y me vuelven a exigir unas pertenencias que no tengo. De verdad no sé como después de todo esto no me he reído, mi situación es para pegarse un tiro y ser feliz en un mundo ajeno a este.
-¿Siéndote sincera Tobias? No sé donde está la puta llave, de saberlo ya te la hubiera dado.
Entonces vi como levantaba el brazo con tanto ímpetu que se le marcaron todos los músculos y todas las venas del brazo que llevaba descubierto bajo la camiseta negra de manga corta que llevaba.
Y cómo si de un rayo se tratase el látigo me atravesó toda la cara, de la ceja izquierda hasta la barbilla. Si al metal le añades un velocidad descomunal, el resultado resulta más que doloroso.
Me ardía toda la cara, pero en especial la herida me abrasaba la mejilla. Notaba al mismo tiempo como me había abierto la piel, un gran látigo de metal contra una fina y delicada piel era como cortar con un cuchillo maestro un trozo de mantequilla.
-¡CHLOE!- Grita alguien a sus espaldas. Una voz tan peculiar, que me ha acariciado tantas veces, que me susurraba al oído. Es esa voz que se te mete en la cabeza en un susurro y no quieres que salga nunca, tan cálida y familiar, pero esta vez tan rota y desesperada. 
Louis, tras él, intenta ponerse de pie pero le cuesta horrores levantar su cuerpo. 
Le miro de soslayo y en sus ojos se refleja la pena y el miedo en grandes dimensiones, pero también la ira con la que mira a Tobias que apenas se inmuta por él.
-Sigamos con el juego.- Dice como si no le hubiera oído. Me coge de nuevo por el mentón y mete un dedo en la herida. Me muerdo la lengua para reprimir el grito y me intento zafar de sus dedos que me tienen fuertemente agarrada la cara.- ¿Dónde está la maldita llave?
¿Por qué es tan importante una llave? Si mi madre hubiera querido guardar algo tan valioso incluso antes de su muerte en aquellos grandes almacenes, no me la hubiera dado, la hubiera hecho desaparecer por alguna parte.
-¿Qué te hace pensar que la tengo yo?
-Hemos buscado por todas partes, y la única persona a la que la ha donado su herencia has sido tú, ¿qué te hace pensar que no la tienes?
-Que llevo viviendo desde el día de su muerte con todas las cosas que me heredó y jamás he visto una llave.
-Mira niñata me he cansado de tanta palabrería falsa,- Me agarra con la mano, izquierda que es la que tiene libre, de las muñecas apretándomelas como si de esposas se tratase. Me mira tan de cerca a los ojos que entonces siento el miedo correr por mis venas en grandes dósis.- dame la puta llave de una vez y todo acabará sino, no quieras saber lo que haré contigo y tus familiares.
Una vez más los impulsos me guiaban en vez de los pensamientos razonados, no era tiempo de pararse a pensar en cual sería su próximo movimiento para saber por dónde atacar, era hora simplemente de atacar.
Retiré con demasiada fuerza bruta las manos de su agarre y le dí una patada en el estómago, pero fue más rápido que yo y con la mano libre cogió mi pierna antes de que impactara contra su estómago. Entonces unos brazos portentosos aunque algo débiles rodearon su cuello.
-Louis.- Musité tan bajito que solo creo haberlo oído yo. 
Apretó el brazo más contra su cuello y entonces me soltó la pierna. Se echó para atrás y Louis se acerco a su oído.
-Para volver a ponerla una mano encima tendrás que pasar antes por encima de mi cadáver, gilipollas.
Pero Tobias (que medía unos cinco centímetros más que Louis) parecía disfrutar de la situación. Más bien parecía divertirse, como si hubiera sido un niño de cinco años quien le estuviera amenazando.
Antes de dar una tregua para dejarnos respirar a todos cogió su muñeca y lo levantó por los aires estámpandole de nuevo contra el suelo. Le había tirado con tanta fuerza que cuando cayó contra el suelo éste tembló. Lo peor de todo es que había caído de espaldas.
Grité a todo pulmón llevándome las manos a la cara. Lo había matado.
-¡¡LOUIS!!- Grité casi ahogándome con mis propias palabras. Corrí hacia él y me tiré junto a su cuerpo. Intentaba respirar pero el golpe le había presionado demasiado los pulmones contra las costillas y tenía dificultades para respirar. Conozco la sensación, porque bailando me he caído demasiadas veces de espaldas con demasiado ímpetu, pero jamás con tanta fuerza así que si aún quería respirar las dificultades se multiplicaban por mil. 
Soy presa del pánico, pongo las manos en su pecho y presiono varias veces ininterrumpidamente obligándole a respirar. 
Detrás de mí escucho una carcajada, Tobias está detrás. 
Sus carcajadas son tan huecas que rebotan por toda la habitación, y tan profundas a la vez que me calan los huesos. Me entran en la cabeza y me impiden pensar con claridad. Yo no paro de golpear el pecho de Louis con la maniobra de salvación que me enseñaron hace unos años en un curso de salvamento marítimo. Siento los brazos flaquear cuando Louis suelta un gemido y empieza a toser, respira al fin. Tiene los ojos llorosos y no impide que las lagrimas surquen sus pálidas mejillas. El corazón se me encoje cuando veo en el estado que esta, no creo que pueda levantar algún músculo, ni siquiera sé como hace para respirar.
Me agacho a su lado y le cojo la cabeza con la máxima delicadeza. Ahora soy yo quien deja las lágrimas caer. Me duele la herida cada vez que una lágrima recorre el surco de carne viva que ha dejado el látigo a su paso por mi cara. Los dedos me tiemblan y el cuerpo me pesa más que nunca, voy notando el cansancio poco a poco. 
Al fin abre los ojos, su mirada se encuentra con la mía y entonces todo desaparece, dejo que el verde de sus ojos cristalinos me invada por completo. Su tacto frío pero seguro me recorre las manos, sus yemas mágicas que un día hicieron mover mi obstáculo recorren ahora mis manos temblorosas. Sus labios tan irresistibles ahora forman una fina linea. Se le ve demasiado pálido, demasiado triste para saber que es él. Jamás me perdonaré haberle metido en todo esto. Jamás me perdonaré haberle arrastrado a mi vida.
-Te... te quiero.- Musita con un hilo de voz. Suspira y me examina, de arriba a abajo.- Quiero acordarme de ti cuando me vaya.
Las lágrimas se desbocaban de su recorrido y salían sin parar. Algo me comía por dentro, pena, desesperación y amor.
-No te vas a ir.- Le susurro, y le acaricio la mejilla, coge mi mano y la estrecha con la suya.- Bueno, sí, te vas a venir conmigo.
Con el pulgar me limpia las lágrimas y hace un intento de esbozar una sonrisa, que se queda en eso un intento, pero a mi me sirve.
-Contigo me voy al fin del mundo, no lo olvides jamás.- Y tira de mí hacia él, pero algo nos interrumpe.
Tobias, aún detrás de mí, carraspea. Me giro y al fin capto su atención. Me seco las lagrimas que quedan con la palma de la mano y le miro desafiante. Nunca me perdonaré muchas cosas, pero a él no le perdonaré muchas más.
-Sí, sí un momento muy bonito pero yo nunca fui de comedias románticas.- Se ve que le van más los thriller psicológicos o algo por el estilo.- Mira estoy cansado de todo esto, de tu actitud de niñata que crees que mintiendo y mostrándote débil te dejaré en paz, tú no me importabas, lo único que necesitaba era la maldita llave, pero esto ya se ha convertido en algo personal- Y al decir esto último levantó el látigo y inevitablemente volví a mirarlo con el miedo volviéndose a apoderar de mi apreté más la mano de Louis y él me respondió con otro apretón. Con la otra mano sacó una pistola bastante grande como para asustare más.- Tómatelo como una amenaza, dime donde está la puta llave o sino ya puedes despedirte de tu novio y del mundo, te mandaré derechita al otro barrio.
-Eso se le llama asesinato.- Le espeto.
-Sí, y yo soy un asesino, felicidades por darte cuenta de la situación al final.- Me miró expectante, ¿qué haría ahora? No había llave, y estaba desarmada. Él estaba de pie a dos pasos frente la puerta, bloqueándola era imposible salir corriendo, y no podía contar con que Louis diera un paso. Adiós a todo. Mirándolo por el lado bueno tampoco era tan malo desaparecer, ya no habría más acosadores, familias con pasados oscuros de los cuales no sé nada y estoy genéticamente involucrada, ni secuestros ni matanzas. A lo mejor ha sido lo mejor desde un principio.- Y bien, ¿la respuesta?
Miré atrás, Louis se había levantado y estaba como yo, sentado. Nos separaban unos centímetros, podía olerle. Le miro a los ojos y recuerdo la de sonrisas que me ha dedicado, la de noches que dormimos juntos, la de veces que sus manos han hecho de mí una simple muñeca de trapo atrapada bajo su tacto. Sus labios tan irresistibles que me han hecho descubrir placeres que desconocía. Éste es el chico que me hizo sentir cosas que creía perdidas, me ayudó a confiar en mí misma, a superar todo tipo de barreras, me ha salvado en tantas ocasiones que me siento decepcionada de no salvarle yo esta vez. Éste chico que daría la vida por mí y una vez más me lo está demostrando, este chico es mi novio, y ante todo mi mejor amigo. Se ganó mi corazón, mi vida. Me ganó entera. Soy suya, siempre lo seré, y él será mío, aquí o en el cielo, pero lo será.
Suspiro intentando liberar todos esos recuerdos que me empiezan a abrumar.
Louis se muerde el labio y me mira con esos ojos llorosos.
<<No llores por favor>> -pensé.
Volví a dirigir la mirada a Tobias. Le miré cansada. Tenía un nudo en la garganta que no me dejaba hablar. Eran como unas manos invisibles que me apretaban más y más el cuello impidiéndome respirar. No podía más con todo aquello, cuánto antes lo hiciera mejor.
Me encogí de hombros y le dije:
-Dispárame.- Al decir aquello no esperaba un aplauso ni nada por el estilo, pero podría decir que me gustaría que su cara hubiera expresado algo más que pura indiferencia. Al fin y al cabo era algo muy importante para su banda, no esperaba ser un balazo más.
Me coloqué de rodillas frente a él y le miré. Si iba a matarme no quería dejar de mirarle ni un segundo, quiero que mi mirada cargue en su conciencia hasta en sus peores sueños, como un pequeño y último acto de rebeldía.
Mi último, me recordé.
-¡No!- Grita Louis a mis espaldas. Me coge del brazo y intenta tirar de mí pero está demasiado débil como para superarme en fuerza. Me deshago de su agarre. Y no le miro, sigo sin quitarle la mirada a Tobias aunque la vista se me nubla con el manto de lágrimas que amenaza con salir, así que ahora le veo borroso.
-¡Que no! Jamás la matarás, no si yo sigo aquí.- Intenta ponerse de pie pero las piernas le ceden y vuelve a caerse al suelo.- No la mates.- Susurra, pero no le oigo volver a levantarse. No tiene más fuerzas para seguir luchando, se está desangrando.
<<Sé fuerte Louis, sé fuerte por mí, como mi última voluntad. Te quiero, te quiero, te quiero>>
Ójala pudiera oír mis pensamientos, porque soy incapaz de gesticular palabra alguna. 
-¡Dispárame de una vez, termina con esto ya!- Le grito.
Deja caer el látigo y con ambas mano se pone en posición. Su blanco: mi cabeza.
-¿Últimas palabras?
-Louis, sé fuerte y intenta sobrevivir, por los dos. Gracias por todo mejor amigo, te quiero.- Susurro. Ya no tengo más fuerzas para retener las lágrimas así que las dejo caer, tampoco sé si las quería seguir conteniendo.
Le miro a los ojos y ¡Pum!
Al sonar el disparo cierro los ojos y dejo que la oscuridad me invada.








El disparo hace unos segundos que ha sonado, pero yo creo seguir sintiéndome en mi cuerpo y la mente aún no me ha abandonado. Tal vez así es la muerte, simplemente un estado de tranquilidad y completa oscuridad. Pero abro un ojo, sigo de rodillas con las mejillas húmedas y frente a mí yace un cuerpo, y no es el mío.
Es el de Tobias.
Ahogo un grito pero no siento ni una pizca de pena por su muerte. Tras el cuerpo hay otra figura apoyada en la puerta aún en posición de disparo. Es un chico, alto, con los músculos realzando cada tramo de su piel, tiene un cuerpo de bailarín... bailarín.
-¿Kristopher?- Murmuro.
Su respiración es descompasada y tiene todo el cuerpo en tensión. Baja el arma al escuchar mi voz. Su mirada torna a ser un poco más cálida y me tiende la mano.
La acepto.
-Toma coge mi pistola, yo cargo con tu novio. Cúbrenos las espaldas.- Cojo la pistola inmediatamente, pero sigo en estado de shock. Coge a Louis y se lo carga a la espalda, y entonces me mira.- Vamos, no tenemos mucho tiempo esto esta lleno de capullos lameculos de Tobias, sino nos damos prisa nos pillarán, y no quiero que vuelvan a ponerte una pistola entre ceja y ceja, porque entonces me pondré a meter disparos a cualquiera que se nos cruce. Vamos, vamos.
-Mi bebé.- Musito.
-No te preocupes por eso, ya me he encargado yo, sigue adelante.
Me obligo a mover mis piernas y salir de allí.




Diez minutos más tarde abro la última puerta cuando un frío gélido me aplasta, sujeto la puerta hasta que pasan Kristopher con Louis cargado a sus hombros. Cierro la puerta y respiro un poco de aire fresco. 
-Vamos, sube.- Dice Kristopher abriendo la puerta de una furgoneta que está aparcada frente a la casa. El sol se abre paso entre el bosque de las afueras de Liverpool, los primeros rayos de sol se hacen ver y acarician la delicada hierba. Y con el sol, nuestra salvación. Corro hacia la furgoneta y subo tras Kristopher. Se pone en marcha y se aleja poco a poco de la casa del terror.
-Te presento, estos son Zayn, Harry, Niall y Andy, creo que los conoces pero sino quiero decirte que son tus héroes, yo soy Kris, aunque tú puedes llamarme Kristopher. Liam está esperándonos en casa con comida caliente y muchas ganas de veros. Aquí tus héroes cuando entraron en tu casa y vieron que los tres habías desaparecido y había rastros de sangre por toda la casa antes de llamar a la policía vinieron a buscarme a la cárcel, y bueno, se ve que son bastante buenos para convencer a los guardias de que salvar a una amiga de un cabrón asesino puede servir como salida didáctica.- Y esboza una sonrisa. 
Louis en el asiento de al lado suyo, está tirado con toda la espalda ensangrentada. No puedo evitar mirarle.
-No te preocupes por él, vamos camino al hospital.- Dice Zayn que no quita la vista de la carretera y del volante.
Niall a su lado está preparando una papilla instántánea, cuando me doy cuenta de que mi chiquitina está en brazos de mi mayor heroína, Andy mi mejor amiga. Harry a su lado le canta una dulce nana.
-Gracias por todo esto, tú eres el gran héroe.- Se encoge de brazos y me tiende una manta, la cual acepto encantada.
-Toma, se te ve con frío. Y no, no soy un héroe, simplemente un capullo integral que se equivocó contigo, no sabes lo que me arrepiento de haberte puesto las manos encimas aquella noche, jamás me lo perdonaré.
-Perdónatelo, yo ya lo he hecho.
Sus ojos se abrieron como platos, la exclamación se dibujaba en su cara.
-¿Por qué?- Dice incrédulo.
-Porque esa banda no hizo ningún bien a nadie, estabas presionado. Y por encima de todo acabas de salvarme la vida, lo menos que puedo hacer es borrar aquel recuerdo y dejarlo pasar.
-Mejor, dejémoslo pasar. Pero ahora, déjame ver tu herida, esto no quiero dejarlo pasar.
Me destapo de la manta que envuelve mi espalda y sus dedos habilidosos se abren paso entre mi melena grasienta y sucia, coge el cuello de la camiseta y tira de él tras ver el recorrido de la cara. La herida me llega hasta la clavícula. 
-Espera, será mejor si te quito este collar, te está rozando la herida y me dificulta más examinartela si lo tienes encima.
Busca el enganche mientras yo aparto el pelo.
-No sé si funcionará aún el enganche, llevo años sin quitarme el collar, fue un regalo de mi madre de antes de que muriera.
Pero como si no hubiera dicho nada desabrocha el enganche y me lo quita. Cuando lo deja caer en la palma de su mano ahoga un grito y se lleva la mano a la boca. Le miro sin saber a que se debe tanta expectación, Niall, Harry y Andy también se inclinan hacia atrás y lo miran.
-Chloe, es la llave.- Musita sorprendido.
Entonces miro el collar que me regalo mi madre a los siete u ocho años, es una llave vieja de metal desgastado. Cuando me la dio recuerdo ahora que me dijo <<Nunca pierdas las esperanzas, a veces a quién menos piensas creer tu amigo es el que realmente daría la vida por ti>> y pum, Kristopher yace a mi lado con la llave en las manos después de haber huido de la cárcel, y haberse infiltrado en la casa de uno de los componentes de su propia banda de mafiosos sólo para jugarse el cuello intentando salvarnos a mí y mi hija y novio.
Mi madre jamás se cansará de darme lecciones, incluso muerta.
-¿Cómo hiciste para esconderla e incluso dar la vida por ella?- Dice sin dejar de observarla.
-No sabía... no sabía que estaba ahí. Jamás hubiera pensado que esa era la llave que buscaban.
-Pues para la próxima vez piénsalo mejor, no quiero volver a salvarte la vida.- Dice y me sonríe.
Yo le doy un codazo y le devuelvo la sonrisa. Quién me diría a mí que sería él quien me devolviera la sonrisa.
-Gracias,- digo después de reírnos.- gracias de verdad, te quiero Kris.
-¡OH DIOS MÍO! ¿Lo habéis oído todos?
-Si granuja, una chica te ha dicho que te quiere, felicidades, ¿es la primera?- Dice sarcástico Zayn.
-No es eso imbécil, me ha llamado Kris. ¡Me ha llamado Kris!
Y todos explotamos en carcajadas. 
Nunca subestimes a nadie, y jamás decaigas, siempre ten esperanzas hasta que todo se vuelva oscuro y signifique el final, mientras sigas respirando sigue luchando, porque entonces no es el final, es lo que diría ahora mi madre. Y no la podría comprender mejor. Nada es lo que parece y los que crees de tu lado acaban en tu contra, los que crees perdidos resurgen para volver junto a ti, y los que siempre estuvieron, las verdaderas personas que jamás se despegaron de ti, esas siempre estarán ahí.
Gracias Louis, mi héroe. Gracias por salvarme.


FIN 

__________________________________________
MUYYYYYY BUENAS!!
Deberíais matarme, lo sé, me lo tengo merecido por tardar tanto en subiros capítulo, pero estoy de examenes siempre y ya que era el último capítulo quería que fuera perfecto así que he tardado días en perfeccionarlo. 
Y ESTE ES EL FINAL DE "DARE TO DREAM" *lloros* espero subiros esta semana el epílogo y ya finalizar de una vez por todas esta fic.
¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Demasiado largo tal vez? Y una pregunta muy importante que os quiero hacer, ¿os lo esperábais que acabara así? COMENTADME HOY ANDA POR FAVOR POR FAVOR QUIERO MÁS QUE NADA LEEROS
Bueno me despido de vosotros hasta el epílogo, muchas gracias por no dejar de leerme nunca, sois los mejores, os quiero mucho :) Xxx





jueves, 16 de enero de 2014

Capítulo 34 -DTD

CAPÍTULO 34
Continuación

La cabeza me duele más que nunca. Abro los ojos con cuidado porque me duelen hasta los párpados. Todo está demasiado oscuro, por eso tardo unos minutos en acostumbrar la vista a la oscuridad. Estoy tirada en un suelo de piedra tan rugoso que me ha hecho raspones en la piel mientras estaba desmayada. Me incorporo y examino el lugar en el cual no sé como mierdas he llegado. 
Es una sala, no muy grande pero bastante alta, porque solo hay una puerta de dos metros por lo menos, de acero y una pequeña ventana a lo alto que deja entrar la única fuente de luz en la habitación. El ambiente es denso y húmedo, huele a sangre y a humo de tabaco, pero no hay ninguna nebulosa de humo procedente de algún cigarrillo a medio apagar.
Mi espalda encuentra la pared y me quedo allí parada. Intento aclarar toda la tormenta de ideas y sentimientos que es mi cabeza.
Pero antes de que me de tiempo a pensar lo más mínimo la puerta empieza a rechinar y se abre torpemente dejando pasar toda la luz procedente del exterior. Es una luz blanca que me ataca a los ojos. Entrecerrados un poco intento mirar a través, y veo una figura alta, musculosa y joven que se acerca a paso firme hacia mí, haciendo rechinar sus botas a cada zancada que da. Intento alejarme lo más que puedo, pero mi espalda ya está pegada a la pared, no tengo escapatoria.
Se agacha delante de mí y me agarra con brusquedad la muñeca, cuando lo hace noto como me vibran los dedos y veo como todo mi cuerpo tiembla como un perro bajo la lluvia fría de otoño.
-Buenas tardes preciosa, al fin despiertas.- Cuándo torna un poco la cara la luz procedente de la puerta me deja ver una sonrisa retorcida y malévola de unas facciones jóvenes y casi perfectas. Pero nada de eso, es Tobias, el ser más despiadado del universo. Intento zafarme de su agarre pero es imposible, es el doble de grande que yo y en su cuello tiene más músculos que yo en todo mi cuerpo. En condiciones normales me hubiera atrevido a abofetearle o intentar derribarlo para salir huyendo, pero me faltan nutrientes y energía suficientes para hacerlo, sería inútil.
-¿Qué hago aquí Tobias? ¿Qué quieres de mi?- Casi susurro con la voz quebrada, no se lo digo a modo de súplica sino que el cansancio también se apodera de mis ganas de hablar.
-Eh nena no te arrastres tan rápido, hablemos un poco antes de entrar a la acción, ¿no crees?- Dice en un intento de ser amable. Que ganas de escupirle en la cara.
-Los entrantes nunca me gustaron, prefiero ir al plato principal.
-¿Y qué te parece el postre?- Y a lo lejos oigo unos sollozos. Me pongo tensa y miro involuntariamente a la puerta aún abierta que deja ver un pasillo de mármoles blancos tan relucientes que ciegan.
-¿Tienes a más gente encerrada en tu casa? ¡Eres un enfermo! ¡Estás loco Tobias loco!- Grito.
-Técnicamente no es mi casa, es como una casa de verano, estamos a las afueras de la ciudad, pero eso tampoco te interesa mucho, no saldrás de aquí a menos que me digas lo que quiero.
-¿Casa de verano? ¿Y para qué la usas, para torturar a la gente? Es un hobbie bastante peculiar, si lo pones en tu biografía en una casa de citas no te aseguro que tengas muchas pretendientas.
Sin darme tiempo a reírme de mi gracia, lleva ambas manos a mi cuello y lo zarandea haciendo que mi cabeza se golpeé fuertemente con la piedra. Ahogo un grito y me muerdo el labio para no darle el placer de verme gritar y agonizar de dolor. 
Sus ojos ya no tienen la chispa de felicidad de verme en este lugar, ahora son más oscuros, como dos pozos negros que no tuvieran final y me miran con una brutalidad que asusta. 
-Deja de hacerte la graciosa conmigo. Escucha mejor el sonido, ¿quién crees que está llorando?- Doy una bocanada de aire rápidamente cuando me suelta y intento calmar mi respiración. Y de repente se me agudiza el oído, los sollozos son más fuertes. Son gritos largos pero agudos, muy dulces e infantiles...
-¡¡DIANA!!- Grito a todo pulmón.- ¡DIANA! ¡Hijo de puta tienes a mi hija! ¡DEVUÉLVEME A MI BEBÉ!- Los ojos me escuecen y empiezan a derramar lágrimas calientes que humedecen mis mejillas. Me levanto efusiva pero ambas manos se apoyan en mis hombros y antes de que estirara las piernas ya me empujaban hasta el suelo. 
Le miré de soslayo con las lágrimas cayendo a raudales por mis mejillas y los sollozos de mi bebé sonando de eco a lo lejos. Cada grito me rompía un poquito más por dentro, cada vez que la oía como agonizaba era como si me fuera matando poco y lentamente, como si fuera una tortura. Pero así lo era, el gilipollas que tenía delante quería esto, torturarme verme sufrir de esta manera, él disfrutaba viéndome así. Entonces las lágrimas cesaron, algo dentro de mí me dijo que tenía que ser fuerte, aunque fuera sólo por esta vez, por ella. Le miré irradiando furia por mis pupilas.
Pero, obviamente, a parte de verme sufrir él tenía otro motivos de hacer esto, motivos ocultos.
-Ya has escuchado, no estás sola en esto.- Su cara era seria, irreconocible. Nada que ver a cómo se comportaba cuando estaba con Max.
-¡Falso!- Le espeté de repente.
-¡Quieres callarte niñata! Si quiero puedo dar una orden ahora mismo y le cortaran el cuello a tu hija antes de que tu puedas reaccionar. Incluso pueden hacerlo ante tus ojos sin que tú puedas hacer nada.- Y entonces sentí que mi corazón se paraba por un momento. Ví pasar la imagen de Diana tan risueña y sonriente como siempre y luego con un tajo en el cuello emanando sangre sin cesar y sentí que me fallaban las piernas y la cabeza empezaba a darme vueltas. 
-No lo hagas por favor, mátame a mí, pero déjala a ella con vida.- Sabía que mis súplicas no servirían de nada, que si quisiera lo haría como había dicho, pero tenía que intentarlo, haría lo que fuera porque la dejaran salir de aquí.
-No quiero matarte, no me caes bien pero tampoco me has demostrado nada para que quiera matarte.
<<Que simpático, ¿no?>>- pienso.
-Hagamos un trato, si me dices dónde está la llave de tu madre yo te dejo marchar a ti y a todos tus familiares.
-Espera un momento, ¿cómo que todos?
Para empezar no sabía de que llave me estaba hablando. Ya vinieron buscando la herencia de mi madre una vez y yo no sabía de nada de ella y encima de que me la robaron (el diario y un anillo de oro blanco) pagué las consecuencias. Esta vez no lo haré, que vuelvan a registrar la abandonada casa y que lo encuentren yo no sé nada de las cosas de mi madre.
-Dime donde está y esto acabará ya.
-No sé de que llave me hablas Tobias. Soy la primera que quiero acabar con todo esto, pero siento decirte que no sé que llave dices. Toda la herencia de mi madre está en mi casa de Doncaster, llama a tus secuaces y diles que la busquen allí. 
-Nena ya me he adelantado, pero no ha servido de nada. Buscaron por todas partes, bajo alfombras, detrás de muebles, en todos los cajones... pero la llave no aparece, incluso saqueamos la casa de Max y no hubo resultado, nuestra última conclusión eres tú.
Se me heló la sangre. 
-No la tengo te lo juro, no tendría ningún problema en dártela, no sé para qué la queréis pero seguro que os hace más falta que a mí, pero la cuestión es que no la tengo, ni siquiera sé cuál es la llave.- Las lágrimas amenazaban con volver a las andadas, pero intenté controlarme.
-En ese caso vete contando las horas que le quedan de vida a tu pequeña.
-No por favor, haré lo que sea pero no la matéis...- No tenía ya fuerzas para gritar.
-¡Dame la llave!- Exclamó él. Pero negué con la cabeza, no quería volver a repetirle que no la tenía. La presión de sus manos sobre mis hombros aminoró y poco a poco se levanto alejándose despacio hasta la puerta, veía la luz que brillaba desde el pasillo de mármoles intentando disfrutarla antes de que se cerrara de nuevo y no la volviera a ver. Cogió el picaporte y antes de cerrar se giró y me miró encogida en la esquina con la cabeza apoyada en la pared mirando triste hacia la puerta dónde él se encontraba.
-Recuerda que no sólo estaba Diana en la casa... ¿Sabías que cuando encierras a un pájaro deja de cantar? - Y después de volver a registrarme con la mirada cerro la puerta entre risotadas. 
No entendí aquella pregunta, pero la oscuridad ya se cernía sobre la habitación, y al ser de noche fuera no entraba ya nada de luz por la alta ventana. La cabeza me daba vueltas, y sin querer me fundí en un profundo sueño. 


Un fuerte golpe me despertó. Estaba tirada en el suelo con magulladuras en la piel desnuda de las manos y cuello. La fina camisa que llevaba ya no servía de nada, la noche se había cernido sobre la ciudad y el frío entraba por las paredes de piedra hundiéndose en mi piel y atravesando mis huesos. Un tímido rayo de luna entraba por la ventana, alumbraba lo suficiente para diferenciar las cuatro paredes y la puerta, aunque no servía de nada, no iba a moverme de allí.
¿O sí?
¿Iba a rendirme ya?
Y entonces recordé los sollozos incansables de Diana que me quemaban la piel y el corazón. Ahogue una expresión y maldije para mis adentros. Tenía que salir de allí y recuperarla. Me levanté de un salto y me di cuenta que aunque sólo había dormido un par de horas había recargado las pilas lo suficiente para armarme de valor y salir en su busca. Pero me dí cuenta de que ya no se escuchaban sus lloros, había un total silencio. Me apoyé de nuevo en la pared e intente aclararme.
Y sin saber cómo apareció una frase en mi cabeza.. "¿Sabías que cuando encierras a un pájaro deja de cantar?"
Hace unas horas no sabía por qué lo había dicho, el cansancio se apoderó de mí y no lo pensé. "Recuerda que no sólo estaba Diana en la casa", dio. Y como piezas de puzles mi mente fue resolviendo el problema...
Hablaba de Louis.
Mi Louis. También lo tenía a él. Y como si un rayo me hubiera atravesado de la cabeza a la punta de los pies corrí hacia la puerta y me encaramé con el picaporte intentando abrirlo, pero estaba cerrado con llave y sabía que era incapaz de tirar una puerta de dos metros de acero. Di pasos hacia atrás sin dejar de mirar en ningún momento la puerta. Sabía que gritar tampoco funcionaría, nadie me abriría la puerta solo para dejarme huir y sería perder energía.
Yo solo quería salir de allí y salvar a Diana y a Louis. Que ellos salieran, ya si luego me cogieran no me importaría, pero ellos tenían que estar lejos de aquí.
-Tengo que salvarlos.- Dije en susurro, aunque podría gritarlo, nadie se inmutaría.
<<Tengo que salir de aquí, tengo que salir de aquí>>- pensaba sin cesar.
Y como si de magia se tratara el picaporte se giro y la puerta se abrió. Un señor barrigudo, bajo y con el pelo cano se hizo paso a través de la puerta. Llevaba una bandeja en la mano con lo que parecía comida.
En una fugaz mirada le registré de arriba abajo y no divisé ningún arma a la vista, pero tampoco podía fiarme, podría llevarlas escondidas. La comida humeaba y mi estómago rugía cual león hambriento.
El pasillo de mármoles parecía estar atrayéndome con una fuerza sobrehumana. Cualquier paso en falso y el barrigudo me pillaría por banda y todo se iría a la mierda.
De repente unas imágenes me invadieron...


<<Es ahora o nunca, si no salgo ya no los tendrán más tiempo con vida>>- pienso.
Y en cuanto el barrigón se agacha para dejar la bandeja en el suelo, empiezo a correr hacia la puerta. 
-Haber si se notan que salgo a correr.- Susurro.
El barrigón grita y salta pero lo oigo ya lejos, he salido de la habitación. Pero mierda, no he pensado que haría cuando saliera. Sigo corriendo el interminable pasillo de mármoles cuando dos habitaciones por delante de mí una puerta está abierta y se escucha como lo que parece ser una cuerda choca una y otra vez con algo o alguien porque también se escuchan gritos.
-¡LA MUCHACHA HA ESCAPADO! ¡LA NIÑATA SE HA ESCAPADO!- Grita el barrigón desde la puerta de mi jaula, pero ya me da igual.
Los gritos han cesado pero eso no me frena, si hay alguien más encerrado en esta cárcel merece ser liberado así que en cuanto llego tuerzo a la izquierda y entro a la habitación.
En el suelo de alfombra de estampados rojos hay un cuerpo tirado con unos pitillos negro, descalzo y con la espalda desnuda llena de heridas y cortes que no paran de sangrar. Por un momento creo sentir que me caigo pero no, sigo estática, impactada por la escena. Cuando de repente el cuerpo intenta levantarse apoyadas las manos en el suelo, cuando levanta la cabeza el alma parece haberse caído al suelo o al submundo.
-¡Louis!- Grito desesperada. Él alza aún más la cabeza mirando en mi dirección, pero solo puede hacer una mueca de dolor, sus brazos le fallan y se vuelve a caer para quedar tendido en el suelo.- ¡LOUIS!



FIN DEL CAPÍTULO

________________________________________
¡Muy buenas!
Siento haber tardado tanto en escribir, he estado muy liada pero por fin he tenido un ratito para subiros algo :) Sé que he sido bastante dura en este capítulo, pero ya me vais conociendo que suelo escribir cosas así.
¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Os ha gustado o no? Contadme todo lo que habéis sentido, y que habéis pensado y demás, tengo unas ganas tremendas de leeros otra vez :D
Quería haceros una pregunta, ¿os está gustando esta novela? Pues siento deciros que esta fic va tocando su fin, el próximo capítulo será el último *ohhhhhh* :((((
¡¡¡Pero no os preocupéis!!! Ya tengo la siguiente novela preparada y es de.... *redoble de tambores* ¡LIAM! *aplausos* Ya he hecho una de Niall, Harry, Zayn y esta de Louis, y está claro que Liam no iba a ser menos, así que protagonizará la siguiente novela, ¿qué os parece?
Con esto me despido hasta el siguiente cap, muchos besos preciosas :) Xxx


domingo, 12 de enero de 2014

Capítulo 34 ADELANTO -DTD

CAPÍTULO 34
(Adelanto del capítulo)

Me ato los cordones de las deportivas y subo la cremallera de mi sudadera. Como cada mañana salgo a correr, pero a diferencia de otros días mis músculos están agarrotados, mi pecho tenso y mis pulsaciones palpitan a toda potencia bajo mis venas. Hace dos meses encarcelaron a la banda de mi padre y Kristopher, no me afectó demasiado ni para bien ni para mal. Simplemente es como si los días fueran los mismos pero el sol brillara un poco más, aún así nunca he llegado a sentirme "tranquila" o "segura". Las palabras de mi padre aún perturbaban mi mente cada segundo que me paro a recordarlo. Tobias. Ese nombre acompañaba la voz de mi padre. Después del juicio no volví a verle, él y Max están aún de viaje. Se fueron pocos días después del juicio a pasar tres meses por África, como si fuera un viaje de novios, aunque un tanto largo.
Max insistió mucho en que Louis se quedará en casa durante su ausencia, y obviamente yo no me negué, él menos. Durante este tiempo Louis se ha portado como un verdadero padre, nunca perdía de vista a Diana, siempre está pendiente de ella, y juegan juntos. Diana ha crecido mucho ya, mi chiquitina se va haciendo más mayor. Lo único que les diferencia es que no tienen la misma sangre, pero no parece un problema para ninguno de los dos.
Aumento el ritmo, las zapatillas rebotan por la grava desnuda de la ciudad. El día es frío y el cielo está completamente encapotado de nubes blancas. Ya empiezo a notar el ardor en los pulmones. Giro a la derecha y a lo lejos ya diviso nuestro edificio. Al llegar siento agarrotados los gemelos, estiro un poco antes de subir. Pero me percato de algo antes. La luz del salón no está encendida. Yo suelo salir a correr a las nueve de la mañana, y cuando llego suelen ser casi las diez y Louis ya está despierto en el salón con la pequeña Diana dándola el desayuno. Y hoy todas las ventanas que dan a la calle se ven apagadas. 
Subo las escaleras incapaz de esperar un par de minutos a que baje el ascensor. Mientras escalo peldaño a peldaño las plantas del edificio me doy cuenta de un nerviosismo extraño que me cubre. Noto el sudor frío en la nuca, y como poco a poco mi corazón se va revolucionando más y más, pero ya no se decir si es por la carrera o por el miedo que me invade. 
Cuando llego, las llaves parecen haberse quedado atrapadas en mi bolsillo. El rellano no tiene nada diferente, todo sigue igual pero no termino de sentirme segura. Al fin la llave sale y abre la puerta.
Entro en completo silencio y cierro la puerta. Enciendo la pequeña lámpara del salón, que ilumina lo suficiente para no chocarme con nada pero no lo suficiente para diferenciar tantas sombras. No hay nada fuera de su sitio pero hay un silencio tan intenso que me hace daño. Registro todas las habitaciones y nada, no hay nadie. Pero es al entrar en mi habitación cuando veo la cuna de Diana también vacía pero con manchas de sangre en las sábanas y ahogo un grito.
-Dios mio...- Susurro.- ¡LOUIS! ¡DIANA! ¿LOUIS DÓNDE ESTÁS?
Empiezo a temblar sin control. Agarro con fuerza sus suaves sábanas y me las llevo al pecho. La sangre sigue líquida y fría, es reciente. Salgo corriendo de la habitación y busco en cada rincón de la casa alguna pista, una nota o un rastro de sangre que me indique dónde están. 
Y de repente se oye un ruido hueco y ensordecedor tras de mi. Alguien ha reventado la puerta. Una pelota empieza a rodar por el suelo y se para en mis pies. Entonces empieza a expulsar humo, lo siguiente que recuerdo es un gran golpe en la nuca y como caía al suelo.


(...)

sábado, 28 de diciembre de 2013

Capítulo 33 -DTD

CAPÍTULO 33

Especial 1er año del blog

Me sujeto con una mano a la pared rugosa de la entrada del local. Los policías me miran extañados, yo les veo borrosos. La cabeza me da vueltas, sobrecarga de información, advierte mi cerebro.
-¿Se encuentra bien Srt. Brown?
Intento contestar pero las palabras se quedan atrapadas en algún lugar de mi garganta, así que me limito a asentir. Los dos agentes formulan algunas palabras que soy incapaz de oír y gesticulan un gesto con la mano a señal de despedida, para luego retroceder y marcharse por la puerta. Me quedo allí, con la espalda apoyada en la pared del pasillo. La oscuridad lo invade todo, sólo hay una tenue luz de la puerta de entrada y un murmullo distanciado de gente pasándoselo bien.
En cambio a mí me siento faltar el aire, la cabeza me retumba entre todo mi alrededor provocando la inestabilidad que me impide estar de pie sin un apoyo. Siento todo lejano, como si yo estuviera fuera de órbita. Las pulsaciones se me aceleran y noto correr la sangre a toda velocidad por mis venas.
No quiero ver a mi padre, ni a Kris, ni a nadie. Quiero vivir mi vida, sin ellos, tengo derecho a ser feliz o al menos a que haya algo de normalidad en mi vida y dejar de correr de todos lados, dejar de tener miedo cada vez que me acuesto y despertarte gritando con cada pesadilla. 
-¡Chloe aquí estás, vamos todos te esperan dentro!- Grita alguien. Me agarra del brazo y tira de mí dentro del local. Es Camila. Lleva los cabellos recogidos en una larga cola de caballo y un fabuloso vestido rojo largo, va preciosa. Me dejo llevar por ella y al entrar dentro de la sala un fuerte olor a alcohol y sudor me impacta. Todo el mundo baila en la pista. 
Camila me arrastra al centro de la pista mientras la gente me va saludando y felicitando. Yo oigo todo lejano, absorta en mí y mis pensamientos, todo parece retardado y da vueltas a mi alrededor. Las luces me confunden y tantos cuerpos pegados me marean. Todos están bailando, chorreando sudor y endorfinas, cuerpos pegados a otros, lenguas en busca de otras ajenas. 
Me para en el centro de la pista y todos nos rodean. Presumen de sonrisas, de felicidad. Gritan mi nombre y Camila empieza a soltar un discursito del cual no entiendo nada. Cada vez me mareo más. Miro a Louis que está cerca de mí sonriente. De pronto su cara cambia a una mueca de preocupación, me examina y yo le miro de soslayo. Cuando me formula una pregunta con los labios...
<<¿Estás bien?>> 
Entonces todo se apaga y mi cuerpo se deja caer para chocar contra el suelo.




Cuando vuelvo a abrir los ojos una potente luz blanca me golpea la visión y me obliga a cerrar los ojos. Se oyen murmullos al alrededor y intento volver a abrir los ojos con la mano de visera. 
Y lo primero que veo es una sonrisa del mismo blanco que me atacó antes, unos ojos esmeraldas cansados con cuencas oscuras bajo ellos y el pelo castaño alborotado como de costumbre.
-Hola mi amor.- Susurra y intenta sacar una de sus mejores sonrisas, pero solo consigue hacer curvar la fina línea que sus labios hacían.
Inspiro hondo para hacer llegar un poco de oxígeno a mis pulmones. El aire huele a menta y lluvia, tan fresco que hasta da frío. Me quedo mirando al rededor de la cama en la que estoy tumbada y veo a Max dormido en la silla de acompañantes.
-Hola Louis, ¿qué hora es?
-Las cuatro y media. Has dormido todo el día.
-¿Dónde está Diana?- Pregunto alarmada.
-Tranquila, Harry y Andy se quedaron con ella en casa.
Me paso los dedos por la sien y intento recordar un poco.
-¿Te encuentras bien?- Dice con toque de alarma en la voz.
-Sí, sólo que no sé como he llegado hasta aquí. Bueno sí lo sé, pero...
-...¿pero?
-Pero no se qué hacer con todo esto. Tobias, mi padre...
-¿Tobias?
-Sí, bueno, veras... emm.. me lo volví a encontrar anoche, me dijo que tenía que cumplir una misión conmigo, que eran órdenes de su jefe y antes de esfumarse como siempre dijo que tendría noticias suyas pronto.
Louis con paso firme pero manos resbaladizas se sentó cerca de mí en la cama y guardó entre sus palmas mis manos blancas y frías. Notaba como me transmitía energía, como poco a poco el aire se volvía más húmedo y cálido, apretó con fuerza mis manos para luego besar uno a uno mis nudillos. Mi corazón dio un vuelco haciendo llevar fuera de órbita mis pulsaciones. Cada contacto de su piel rozando contra la mía altera mi sistema nervioso.
-Cariño, deberías dejar de ver a Tobias... no es una buena influencia para mí.- Le miré atónita. ¿De verdad estaba diciendo eso?
-¿Crees que quiero verle? ¿Que le busco o algo? Me ha amenazado y tú crees que me gusta que me sorprenda y me acorrale para decirme cosas así, ¿no? Pues siento defraudarte Louis, pero no es así.- Y le quito la mano brusca. Dejo de mirarle para apartar la cabeza  y observar por la ventana como las nubes colapsan el cielo. Pero sé que me sigue mirando, siento el peso de su mirada aplastarme los hombros y la culpabilidad de haberle gritado oprimiendo mi pecho.- Lo siento.- Susurro al fin.
-No te preocupes, tienes miedo y cuando tienes miedo sueles ponerte así.- Que pena que me conozca tanto.
Sus portentosos brazos me envuelven el torso atrayéndome hacia su pecho. Me abraza más fuerte mientras se recuesta en la cama. Esta vez no se lo impido. Me acomodo en su pecho hasta que ambos quedamos tumbados.
-No quiero verles en el juicio.- Declaro al final.
-Lo sé, pero eres demasiado valiente y lo harás.
-Louis, me he cansado de ser valiente.- Y suspiro soltando todo el aire y la presión que encogía mi pecho.- Estoy harta de vivir así, poniéndome siempre a prueba, demostrándome una y otra vez que puedo salir de los problemas, me he cansado.
-No puedes rendirte ahora.- Dice. Sus manos acarician mis mejillas que enrojecen al primer contacto, le miro. Sus ojos gritan a voces <<Pobrecita, pobrecita>>. No quiero dar pena pero a la vez estoy harta de seguir luchando para demostrar que soy fuerte cuando no lo soy.- Chloe, es verdad que te han pasado muchas cosas, bastante malas, que has tenido que esforzarte para derrotarlas, pero mira eso, todo ha pasado, lo has pasado tú solita.
-Ese es el mayor problema Louis, que lo he pasado sola. Y a mi se me han acabado las fuerzas para seguir con todo esto.
-¡Eh!- Exclama clavando la mirada más fuerte en mí, siento como si millones de cuchillas cortaran mis ojos, como echar sal en las heridas, con tan solo una mirada suya.- No estás sola, ya no lo estás. Sé qué va a ser difícil vertelas allí en el juicio con esos cabrones, pero debes hacerlo, se merecen ir a la cárcel, pudrirse allí el resto de su asquerosa vida por haberte hecho lo que te hicieron.- La voz le tiembla tanto como a mí las piernas. Hacía mucho que no le veía tan enfadado.- Sé que no quieres ir, pero debes ponerle justicia a eso, para que se arrepientan el resto de sus vidas de haberte puesto una mano encima.- Y entonces su mirada deja de ser tan dura y torna a una suave y sensible que me envuelve en un estado de tranquilidad.- Qué se arrepientan tanto como yo por no haberte protegido esa noche,- Susurra-, no te volveré a dejar sola, ¿me entiendes? Jamás nadie volverá a hacerte daño, y si lo intentan... Si lo intentan tendrán que pasar por encima de mí antes de volver a tocarte.
Sus brazos ya no me agarraban con la misma fuerza, habían perdido intensidad a medida que vomitaba los sentimientos disfrazados de palabras. Saber que alguien daría la vida por ti, a mi no me enorgullece, me da miedo. Me siento responsable de él, sé en toda la mierda que ya estoy metida, no quiero meterle a él. Si es verdad que me rindo y dejo que me acosen sin ofrecer la mínima resistencia a cambio él vendrá a socorrerme, ese momento "romántico" realmente es un momento en el que le estoy exponiendo a toda clase de peligros y no quiero que le hagan daño a él, menos por culpa mía, porque yo también le quiero, y sin pensarlo dos veces yo también daría la vida por él.
-Louis...- Las palabras no lograban emanar de mi garganta, no sabía qué decirle. Baje la mirada angustiada y él, simplemente me besó. Puso sus labios entre los míos, y yo los abrí para dejarme llevar por su adictiva manera de hacerme heridas en los labios. Notar la presión de él sobre mi boca me hizo relajarme, dejé de temblar. Posó sus manos por mis caderas apretándolas más contra las suyas.
-Jamás te volverán a hacer daño,- Volvió a besarme.- Excepto yo, por las noches me transformo y a veces los gemidos duelen.
-¡Louis!- Grite entre sus carcajadas. Cada risotada sonaba mejor que la anterior, soy adicta a su forma de reír, es tan dulce y divertida.
Entonces oí como alguien tosía, y no de una manera muy natural. Al contrario, sonaba bastante superficial.
-Mierda, la princesa se ha despertado.- Me susurra cerca del oído Louis.
Le pego en el pecho un suave puñetazo que le arranca una amplia sonrisa.
-Se llama Max, no princesa.
-Es una princesa.- Dice sin apartar la sonrisa.
-Y tú un cretino.
-Pero me amas.- Y me robó un fugaz beso. Sonreí y le miré divertida.
-Perdón, debí decir un creído.
-Te confundiste de palabra, el golpe que te diste en la cabeza debió ser más fuerte de lo que creí.- Y le volví a pegar cuando me di cuenta de la vergonzosa situación que estaría pasando Max. Me aclaré la garganta.
-Buenos días Max.
-Buenos días los tuyos preciosa.- Y mira a Louis aún recostado en mi cama. Me sonrojé levemente y le volví a dirigir la mirada.
-¿Has dormido ahí toda la noche?- Pregunté curiosa. El sillón-sofá no parecía la mejor opción para pasar la noche.
-Sí, no todos hemos tenido la suerte de dormir contigo.- Dijo sin apartar la mirada de Louis pero a la vez con  una dulce sonrisa mañanera.
-Eh, relájate princesa, ella está cogida.- Dijo Louis a la defensiva pasándome un brazo por el estómago. Max rió satisfactorio como si lo que iba buscando desde un principio fuera provocar a Louis.
-Tranquilo, no pienso robártela. Yo ya tengo al mío.- Y le dedicó una sonrisa. <<Un poco cabrón el tuyo, pero sí, nadie dijo que tuvieras buen gusto para elegir novio>>- susurró Louis.- Aunque dormiría antes contigo que con ella.- Y le guiñó un ojo a Louis que hizo que se revolviera, no sé si de asco o de terror.
-Vale, haber si me tengo que poner ahora yo celosa Max.- Y él volvió a reír. Louis me agarró más fuerte.
-Tu amigo me da miedo.- Murmura y yo sonrío levemente.
-Tranquilo, las princesas no hacen daño.
-Cambiando un poco de tema, Chloe, cielo- Empezó a decir Max. Estaba descalzo con una camiseta de manga corta blanca y unos pitillos negros, se le notaban las ojeras de haber dormido poco, pero jamás dejaba de sonreír, y hoy no era una excepción.- si hoy te dan el alta debes ir esta tarde al juicio.
-¿¡Ya, esta tarde!? ¿Por qué tanta rapidez? Estas cosas no son tan... rápidas.- Tampoco sabía nada de los tramites de los Juzgados de Justicia del país, pero jamás pensé que todo fuera de un día para otro, y nunca mejor dicho.
-Sí, últimamente hay muchos casos como el tuyo y los funcionarios no dan a más, así que lo hacen todo lo más rápido posible para poder impartir justicia a todo el mundo de la manera más eficaz.
-Pareces uno de ellos.- Dijo Louis ya levantado con el pecho descubierto. Se estaba cambiando de camiseta. Cuándo me quise dar cuenta, aparté veloz la mirada de su torso desnudo, él me miró con una divertida sonrisa en sus labios, le gustaba verme en estos casos cuando me avergonzaba.
-Además de cantar se hacer otras cosas.- Dejó la duda en el aire para hacerse el interesante.
-Como mirarme el pecho sin camiseta, ¿no?- Pero nadie se hace el interesante con Louis cerca. Yo me reí y Max enrojeció por momentos, Louis le miró divertido y se puso la camiseta negra limpia.- Se acabó la fiesta princesa.- Se dirigió a mí y me beso la frente.- Voy a por un médico para hablar sobre tu alta hospitalaria, ¿vale?- Asentí mimosa dejando que la huella de sus labios me invadiera la piel.- No me eches mucho de menos, anda.- Y se fue satisfactorio fuera de la habitación, con sus andares masculinos y marcándose todos sus músculos de la espalda desde debajo de su camiseta.


Por fortuna o por desgracia una hora después estaba fuera del hospital. Pusimos rumbo a casa. Al llegar aparte de Harry y Andy, también me encontré a Zayn en la casa, husmeando en la nevera.
-¡Ey!- Gritó Max por encima de los sonidos de la televisión.- Dos, vale, pero tres,- Y dirigió su mirada a Zayn.- tres son multitud.
Zayn levantó las manos a la altura de la cara y puso una cara de inocente que no pegaba para nada con su forma de ser. 
-Tranquilo, se quitará la camisa si se lo pides.- Dijo Louis dándole una palmada en el hombro al pasar a su lado.
-Hombre, es el precio que tiene que pagar por alojarse en mi casa.
-Ah no, él puede pagarte con dinero, por suerte su carrera musical es mejor que la tuya y tiene dinero suficiente para pagarte antes que caer tan bajo como para hacerte un streap-tease a tí, princesa.- Dijo con una sonrisa burlona mientras le comía con la mirada.
-Pero bueno que le pasa a estos dos.- Dice Andy que se acerca corriendo a abrazarme.
-Qué son idiotas.
-Sí, esa es la mejor manera de definirnos.- Dijo sonriente Louis dejando la mochila en la habitación.
-¿Tú estás mejor cielo?- Dijo mirándome apenada.
-Sí, tranquila. Los médicos dicen que sólo me dí un fuerte golpe al desmayarme, pero no es nada grave.
-Es que a quién se le ocurre desmayarse el día de su cumpleaños.- Dice Harry tras Andy sonriente. Le saco la lengua y me abrazo a Andy. Aspiro su aroma a perfume caro y ella se esconde en mi cuello.
-¿De verdad estás bien?- Susurra.
-¿Te miento o te digo la verdad?
-Miénteme.
-Estoy bien.
Me estrecha más entre sus brazos y suspiro. Me deshago de su agarre antes de que sea demasiado tarde y me derrumbe sin querer en un hombro familiar.
-Comemos algo y nos vamos, ¿vale?- Dice Louis a mi espalda, tan cerca que huelo su aroma peculiar a crema y tierra, pero no tanto como para llegar a tocarme.
Asiento sin fuerzas para poder formular palabra alguna.
-Tranquila, yo te preparo la ropa.- Dice Andy y corriendo se va a mi habitación a sumergirse en mi armario.
-¿Vosotros no coméis?- Dice Max sentándose en el sofá mirando a todos los intrusos que están invadiendo su casa.
-Ya hemos comido, hemos comprado sandwiches para todos, serviros.- Dice Zayn poniendo una enorme pareja de emparedados de todos los sabores en la mesa del comedor. 
Me senté entre todos con Diana en los brazos. Estaba dormida, era su hora de la siesta, pero tenía que tenerla cerca y necesitaba estar con ella antes de enfrentarme a todo aquello. Apenas tenía apetito pero todos me obligaron a comer algo, no querían que me volviera a desmayar.



Una hora después ahí estaba yo, en la puerta de los juzgados con mi precioso vestido negro corto y mi blazer de chica de oficina. Me custodiaban Max y Louis, sé que Andy me insistió mucho en venir y acompañarme, pero no quería meterla en esta situación, nunca llevó bien los temas de justicia en ninguno de sus aspectos, además necesitaba que alguien cuidara de Diana a parte de Harry.
Entramos y nos dirigimos a la sala. Allí nos reunimos con un amigo de Max que era abogado, llevaban hablando desde la fiesta con él y el muchacho pareció interesarse por el caso -o por Max, eso ya no es de mi incumbencia- y se lo preparó.
-Chloe, relájate- Dijo el tal Jesus éste que iba a llevar mi caso- ya me lo he preparado todo, yo hablaré por ti, pero en algún momento te harán subir al estrado para que cuentes los hechos de aquella noche. Tenemos el caso ganado, ¿vale preciosa? Tú solo cuenta todo lo que pasó, no te saltes nada, y el resto está en manos de la justicia, con suerte se pudrirán el resto de sus miserables vidas encerrados entre barrotes, ¿de acuerdo?- Asentí deseando que dejara de apretarme tanto los hombros, seguramente me estuviera dejando marca. Se giró mirando a Max y Louis y dijo.- ¿Algo que objetar o pasamos ya dentro?
-No, todo perfecto, pero no la vuelvas a llamar preciosa, o sino la próxima vez me tocará a mí declarar por el asesinato de alguien.- Dijo Louis a la defensiva.
-Louis basta, no es el momento.- Los nervios se me escapan por la boca. Max me agarra y me intenta sonreír.
-Preparada o no, es la hora de la función.- Y abre la puerta. Hay público, como no, seguimos avanzando hacia el banquillo que nos corresponde. 
-No me sueltes.- Le susurro a Max.
-Descuida.
Nos sentamos Jesus y yo, y Louis y Max con el resto del público. No quiero mirar a mi izquierda, no quiero saber quien lidera el grupo de los acusados. Pero la curiosidad se apodera de mi y giro la cabeza en un rápido movimiento. Veo el pelo oscuro y las manos cruzadas características de mi padre y a su izquierda el pelo alborotado castaño claro de Kristopher. Les lidera un imponente hombre de piel oscura que por sus vestiduras apostaría que es su abogado. La juez presenta el caso con número 45692. El caso de que sea juez es un punto a nuestro favor ya que ella entenderá mi posición más que la de esos delicuentes.
Los abogados van saliendo gradualmente cada uno precedido del otro a defender ambas posturas, y entonces llega mi turno.
-Muy bien puede sentarse Lucian. Señorita Brown suba al estrado y cuente los hechos.
Me levanto con decisión pero con todo el cuerpo delirando interiormente. Los tacones no son altos pero no me transmiten mucha seguridad.
Al pasar por la mesa de aquellos que llamaba en algún lejano tiempo seres queridos una mano me frena. Es mi padre.
-Si haces que nos encierren a todos, te juro que pagarás caras las consecuencias.- Susurra.
-No te tengo miedo.- Me asusto con mi forma de responderle, tan dura y decidida. Lo digo con seguridad, aunque tanto él como yo sabemos que si le tengo miedo.
-¿Conoces ya a Tobias? Es un chico muy agradable, ¿verdad?- Entonces todos los músculos se me paralizan y me tenso, erguida y estática.
-¡Señor Brown!- Grita la juez.- Suelte a la muchacha.
Y unos tipos grandes con los trajes de policías le arrancan la mano de mi muñeca. Intento dar un paso, pero aunque mis músculos reaccionaron mi mente sigue paralizada. Les quito la mirada, mi padre sonríe malvadamente, con veneno en la mirada, en cambio Kris no ha levantado la mirada en ningún momento con la cabeza gacha, como avergonzado. No tiene valor de mirarme a la cara, el cobarde.
Me siento en el estrado y suspiro.
-Sin miedo, lo he peor ya ha pasado señorita Brown, así que tome aire y empiece a relatar todo.
-Conocí a Kristopher la cosa de un mes antes, nos hicimos amigos...- Me resisto a girar la cabeza y mirarle igual que antes he intentado no escupirle en la cara.-.. el llevó lo de los amigos al extremo, la noche en que volví de Londres de visitar a mi novio...
Cada palabra salía encadenada de la siguiente, vomitaba sentimientos, recuerdos. Me estaba desahogando con un vocabulario formal y conteniendo la ganas de llorar y patalear en el suelo, conteniendo los impulsos que me harían avanzar hacia su mesa y abofetearles las caras a ambos subnormales hasta que me sangraran las palmas de las manos.
Cuando terminé solo me quedó respirar y saber que yo ya había cumplido mi parte.
Oí maldecir a mi padre por detrás y ahí supe que era su fin, que pagaría todo lo que me hizo.
-Cuénteme la relación que tuvo con su padre, tras la muerte de su madre.
-¿Perdone?- Dije saliendo de mis pensamientos. ¿Qué tenía que ver nuestra relación con aquello?
-Sí, es fundamental saber cual fue su relación para averiguar los motivos ocultos de aquella trágica noche.
-Ya se lo he dicho, sólo querían el collar y el diario de mi madre, no había motivos ocultos señoría.
-¿Y no cree que a lo mejor su padre quería hacerla daño además de robarla algunos bienes preciados de su difunta esposa? Por que si solo hubiera querido robar, le hubiera sido más sencillo entrar cuando usted no estuviera en casa y quitarselo, en cambio hizo que su cuadrilla invadiera su cara, lo rompiera todo y que encima uno de los suyos la violará en el mismo domicilio familiar.
Entonces me sentí tan sumamente estúpida como jamás me sentí. ¿Cómo no me di cuenta de eso antes? Todo sucedió porque quería hacerme daño el cabrón. Creía que no podía llegar a odiarle más, pero es que me da cada día más motivos para romper barreras y superar el odio, asco y rencor que le tengo.
-Desde que murió mi madre él se desentendió de todo, casa, facturas, hija...

Dos horas después el juicio terminó... <<Y mi sentencia es irrevocable, declaro a Kristopher Jeremiahs, Robert Brown, Juan Lood, Albert Higgings(...) culpables del asalto a un domicilio familiar, invasión de propiedad, y violación a una menor, condenados a 45 años de cárcel, y en individual a Robert Brown progenitor de la acusadora, a cadena perpetua. Eso es todo>>
Cuando salimos por la misma puerta por la que entré, no salía mejor que como entré, los nervios seguían apoderados de mí. No podía quitarme de la cabeza sus palabras, "¿Conoces ya a Tobias? Es un chico muy agradable, ¿verdad?" No lo sabía, jamás pude pensar en relacionarlos, pero desde que me lo dijo todo encajaba, sus formas de perseguirme, de amenazarme... Yo era su misión y su jefe era mi padre.
Y de pronto alguien me empujó sacándome de mis pensamientos.
-¡Tenga cuidad...- Y la sangre se me heló. Kristopher. Salía esposado, con las manos a la espalda y tras él uno de los policías de antes que lo empujaba.
-Encantado de volver a verte, te he echado de menos.- La tripa se me revolvió provocándome náuseas.
El policía le empujo de nuevo para continuar su camino lejos del mío. Tras él salió mi padre farfullando algunas palabrotas y en la misma postura que Kristopher. Cuando me miro en sus ojos pude ver como se reflejaba su ira, ascendía como la llama viva del fuego y su cara se volvía del mismo color que este.
-Lo pagarás caro hija mía, lamentarás esto que me has hecho.
-¿Y lo que tú me hiciste, Robert?- Grité con los ojos escociéndome tanto como si me hubieran echado pimienta en ellos. Louis y Max corrieron hacia mi al despedirse de Jesus y me agarraron de la cintura.
-Vamos, déjale, se pudrirá en la cárcel.
-¡Me amargaste la vida! Ahora es tu turno.- Gritaba intentando deshacerme de los forcejeos que me impedían correr para arrancarle los ojos de cuajo.
-Lo lamentarás, recuerda este día y no digas que no te avisé.
-Llévense a ese tío lejos de aquí.- Gritó Louis al policía que le empujó con fuerza para continuar el mismo camino que Kris.
-Gilipollas, me amargaste la vida.- Decía ya en un tono más bajito que sólo yo pude oír. Notaba las cálidas lágrimas cayendo desbocadamente de mis ojos.
Louis me abrazó y me estrechó con mas fuerza contra su pecho.
-Le odio, le odio..- Susurraba. Pasó su mano por mi cabellera y me besó la cabeza.
-Ya está, ya ha pasado, está todo bien, tranquila mi amor.- Y siguió acariciándome sin soltarme en ningún momento.
-No está, esto no ha acabado.- Dije entre lágrimas.- No ha hecho más que empezar.

FIN DEL CAPÍTULO

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Hola preciosas
Bueno pues como os prometí aquí está el último capítulo de "Dare To Dream". ¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? ¿Tenéis miedo de lo que pueda pasar? Comentadme abajo con toooodo lo que pensáis, amo leeros. Gracias de nuevo a Edurne, Esty y Kat, mis fieles seguidoras haha :) os espero en el siguiente cap. 
Muuuchos besitos Xxx