martes, 4 de marzo de 2014

Capítulo 1 -Teenage Dirtbag


TEENAGE DIRTBAG. 1


Parecía que nadie había corrido las cortinas hoy, porque en vez de despertarme el despertador me han despertado los rayos del sol que se cuelan por el ventanal de mi nueva habitación. Esta era más grande y espaciosa que la que tenía en España, era uno de los pocos positivos que había encontrado mudándome a California. Apagué el despertador para que no sonara.
Me despojé de la multitud de sábanas y cojines que cubrían mi cama y me miré al espejo. Mi gran melena castaña se ondulaba en las puntas, era horroroso no tener un pelo definido, las raíces eran lisas y las puntas rizadas, a veces quedaba bien pero si no me tiraba una hora echándome productos en la cabeza parecía un experimento sin finalizar.
Aún era Septiembre y aquí, tierra del calor y las playas, aún hacía un calor sofocante, así que opté por ponerme unos shorts no muy alarmantes y una blusa blanca que no transparentase mi sujetador. Nada de maquillaje, odio con fuerza la mezcla de productos químicos que se echan todas las mujeres en la cara para aparentar una belleza que es mejor sin polvos, rayas y rímel. Me até mis viejas Converse blancas y me sacudí un poco el pelo, no me apetecía arreglármelo mucho aunque fuera mi primer día de instituto en Daly City.
Bajé las escaleras del adosado y entré en la cocina. La casa era blanca y en tonos azules y verdes como si el mar que había a unos metros de la casa hubiera entrado dentro y lo hubiera decorado todo con sus tonalidades. Había que admitir que la casa era una monada, la pena es que fuera del gilipollas de novio de mi madre.
-Buenos días galletita, ¿que tal has dormido?- Me saludó Jimmy en cuanto abrí la puerta de la cocina. Os juro que me entraron náuseas.
Un chico alto, rubio, ojos grandes y grisáceos yacía con un solo albornoz, y esperemos que con unos boxers también, cubriendo su piel. El chico estaba de buen ver, eran unos 29 años muy bien llevados, los músculos se abrían paso sobre su piel y el tono bronceado característico de un californiano inundaba su piel. Hubiera sido incluso un buen partido para mí, si mi madre no lo hubiera visto primero.
-Jimmy, ¿tengo que recordarte que ya tengo 17 años o puedo coger mi desayuno y largarme de aquí antes de que baje mi madre y os deis el lote?- Se río y cerró la nevera con un bric de leche en la mano.- Eh, ¿qué haces con mi albornoz, Jimmy?
-Zack, me llamo Zack querida.- Y le dio un sorbo al bric sin dejar de mirarme.
-Jimmy,- Aclaré- ¿Y? ¿Qué haces con mi al-bor-noz?- A mi me daba igual como se llamase. Me daba igual el nombre de todos los hombres que han pasado por el jardín de las delicias de mi madre y han conseguido conquistarla, yo siempre los llamaré Jimmy.
-No tengo ropa limpia, sabes que se nos ha roto la lavadora, si prefieres que vaya desnudo por la casa solo tienes que pedirlo cielo.- Me guiñó un ojo mientras buscaba un vaso. Estuve a punto de vomitar la galleta, advertí. 
El encantador de Jimmy era la nueva conquista de mamá, una de sus muchas conquistas. Pero esta había llegado demasiado lejos, a parte de jóven, era un chulo, un prepotente y un gilipollas en toda regla. No aguantaría mucho tiempo con él si alguno de los dos no cambiaba, y no iba a ser yo quien lo hiciera.
-Te regalo el albornoz.- Suspiré al tragarme la segunda galleta.
-Que detalle de tu parte.
-No me lo iba a quedar...- Pensé en voz alta. Me levanté de la mesa, no podía desayunar más con el imbécil plantado en pelotas y con mi albornoz delante, una galleta más y la vomitaría. Recogí la mochila de la entrada y avancé hacia la puerta.
-Hombre esto es la convivencia, ahora todo es de todos.- <Sí, mi madre antes era mía y ahora es tuya>- pensé esta vez para mis adentros.
-Ya, pero si no quieres que ponga posters por toda la casa y te la revolucione haz caso a una norma: No vuelvas a tocar mis cosas, y yo te dejo gritar cada vez que llegues al orgasmo.
-Perdona, es mi casa.
-"Ahora todo es de todos".- Le burlé con su voz de niño pijo.- Que tengas un buen día Mamá.- Grité al abrir la puerta.- ¡Adios Jimmy!
-¡Es Zack!- Ups, se cerró la puerta.
El adosado que hacía una semana se había convertido en mi hogar daba directamente a la playa de "West Coast Beach". Antes de ir al infierno del primer día de instituto me disponía a dar un paseo por la playa y que el mar me relajara un poco los nervios. Me desaté las Converse y bajé las escaleras hasta la arena. Los minúsculos granos de arena se colaban entre mis dedos de los pies. Respiro hondo intentando coger el máximo aire que mis pulmones sean capaces de retener y lo guardo en mi pecho unos segundos para luego soltarlo de golpe. Mucho más tranquila.
Con las Converse en la mano eché a andar hacia la orilla. Para ser las ocho de la mañana había demasiada gente por ahí pululando. La mayoría eran adolescentes del rango de mi edad, todos en bañador y con un perfecto bronceado de piel. Pese a que España en verano el sol pega fuerte, en comparación con todos los de aquí yo parecía más blanca que una polaca. Todos iban de marca, era el universo de los pijos. Mi madre debería hacerme muchas tortitas de desayuno para recompensarme el haberme traído a este lugar, no iba a encajar pero no hacía falta darle muchas vueltas para saberlo. Todas las chicas iban en biquinis y triquinis que no dejaban espacio a la imaginación y yo era feliz con llevar una blusa con algo de escote. Si esto fuera un <<Encuentra las 7 diferencias>> no habría tiempo suficiente para acabar de encontrar todas las diferencias entre todas las Barbies y Ken´s y yo.
Dejé de darle vueltas y me concentré en el sonido de las olas al romper, en la sensación de cuando el agua tocaba mis pies. Daba igual si no encajaba, era solo un año de instituto, al siguiente me graduaría y me iría a alguna universidad, con suerte de vuelta a España con mi antigua vida, que por fortuna, encajaba por completo con como yo era.
Y de pronto, algo me golpeó con tanta fuerza en la espalda que caí de bruces contra la arena. Salí por completo de mis pensamientos al notar media playa en mi boca.
-¡Hostias tío! Has dado a alguien.- Grita alguien a mi espalda.
-Pain has dado a una chica.- Vitorea otra voz.- Está a cuatro patas, dale cómo tu sabes. Deja la marca de la casa.- Y estalló en carcajadas, unas carcajadas tan bestiales que retumbaron por toda la playa.
Al oír todo aquello recuperé mi mochila del suelo y me levanté como buenamente pude, aunque con el orgullo un poco jodido. Ya veo que California tiene dos normas que todo el mundo parece seguir como si fueran el patrón de su vida:
1- No lleves más de un 20% de tu piel tapada, menos es más.
2- Si llevas algo colgando entre las piernas no pierdas la oportunidad de enterrarlo en el primer hoyo que encuentres, cualquier orificio es bueno.
Me sacudo la arena de las piernas y los brazos mientras me pienso unas cuantas palabritas que gritarle a la cara al idiota que me haya dado.
-¡Capullo!- Grité girándome. Pensaba alargar el discurso de insultos un rato más, pero algo me atrapó y me dejó sin respiración. Dos enormes ojos marrones me miraban como si me fueran a comer con la mirada, y había una gran sonrisa, que a su vez, iluminaba aquel flamante rostro y le hacía unas pequeñas arrugas bajo aquellos ojos. Llevaba un bañador azul marino que dejaba al descubierto un torso propio de un dios griego, toda la composición que aquel tío formaba era equivalente a la de un dios, un dios que no me importaría dar culto.
Me obligué a mí misma a reaccionar antes de desfallecer ante él. Al final California no iba a estar tan mal como me esperaba. Me di cuenta que tanto él como el séquito de tíos que lo rodeaban llevaban tablas de surf atadas a sus muñecas. Maldita sea, me había topado con los dioses de las olas de Daly City.
-¿Vas a decir algo más, preciosa, o ya puedo disculparme?- Su voz era divertida. Tras él todo su grupo de semidioses se reían entre dientes o por lo bajo. Se me ocurrían muchas cosas que espetarle, pero era incapaz de articular palabra sin balbucear y enterrar mi orgullo, todavía más, por debajo de dónde ya estaba, así que muy elegantemente levanté la cabeza, me coloque de nuevo la mochila sobre el hombro izquierdo y giré sobre mis talones para renaudar mi marcha. Al girarme empecé a escuchar todos los gritos y como seguramente todos empezaban a pegar amistosamente a el dios californiano que por un momento me había arrebatado del mundo real y me había llevado al encoñamiento explosivo.
Por cada paso que daba millones de granitos de arena presionaban las plantas de mis pies provocándome cosquillas, y de vez en cuando las olas me acariciaban los pies. Daly City, la parte de California en la que estábamos, se caracterizaba por el calor y las puestas del sol pero el agua del océano era tan fría que no encajaba en todo el entorno.
Hacía mucho que los chicos ya no me llamaban la atención de este modo. Después de una larga lista de intentos y dos fracasos de relaciones serias, llegué a la conclusión de que los tíos no sirven para nada más que darlo todo en la cama. No soy puta, ni una obsesionada del sexo de esas pero por mi propia experiencia sé que si un tío se mete en una relación se puede perder la chispa del amor en cuestión de días. En cuanto un chico se involucra en una relación no sabe cómo cumplir su función de novio, solo te sigue penetrando más, con suerte con más frecuencia, ¿pero es eso lo que debe hacer tu pareja? Pista, no.
Tampoco es que quiera al típico novio empalagoso, que te regala bombones y flores a todas horas, ni mensajes cada cinco minutos, quiero que me deje respirar pero que a la vez sepa como quitarme el aliento, quiero un chico que ría a todas horas, y me haga reír, que sepa lo que decir en el momento justo, y que prefiera pasar una tarde conmigo antes que encerrado en su casa con algún videojuego.
Pero por desgracia lo que pido es más difícil a que un niño vea a Papá Noel. No sé, pero todos los chicos parecen haberse creado con el mismo molde, todos piensan lo mismo y son físicamente casi iguales, el día que vea al tío que me descoloque todos los esquemas mentales, que sobresalga entre todos, sabré que es el mío.
-Perdona, eh, ¡perdona!- Grita una voz tras de mi. Hago caso omiso y sigo andando.- ¡Preciosa!
Una mano se cierra en mi brazo y me frena. Miro los dedos largos y grandes que me aprietan el brazo y al girarme lo veo, al dios de piel tostada. Saca a relucir una increíble sonrisa que amenaza con volverme adicta.
-Oh, gracias por pararte, preciosa. Siento haberte dado, la tabla es nueva y más grande de lo normal, además no controlo mucho mis movimientos sobre la tierra...- Me miro el brazo por miedo a volver a mirarle a los ojos y perderme en ellos otra vez.-... sino son en la cama.- Me guiña el ojo y siento la sangre hervirme bajo las venas.
-Ya veo, los tíos no servís para otra cosa.- Digo con total suficiencia. Enarca las cejas y mira al mar.
-Cariño, fliparías con las cosas que soy capaz de hacer en el agua.- Y vuelve a mirarme, ensanchando aún más su sonrisa. 
Me deshago de su agarre con brusquedad. Por una extraña razón siento que algo de mi interior me ata a él, me empuja a tirarme toda la mañana hablando con él bajo los cálidos rayos de sol de Daly City, pero por desgracia sé que no puedo, él tiene mejores planes y doscientas chicas más antes de querer estar conmigo. Además esto es California, aquí vale más una teta que una sonrisa. 
-Me alegro por ello, ¿por qué no te vas a practicar entonces?- Y cruzo los brazos mientras le miro a los ojos, después al mar y de nuevo a sus ojos. Lo de pillar las insinuaciones no es su fuerte, porque no mueve ni un sólo músculo y además, no me ha quitado la mirada ni un momento y su sonrisa no ha desaparecido en ningún momento lo que me pone nerviosa cada vez que me rindo y la veo. Ya no lleva la tabla de surf pegada a su torso, la habrá dejado con su grupo de amigos.
-Porque sería perder el tiempo teniendo a una chica como tú andando por mis playas.- Y por si no podía más, ensanchó de nuevo su sonrisa haciendo aparecer unos dulces hoyuelos a ambos lados de su sonrisa.
-Ah, ¿qué son tus playas?- Apoyé todo mi pesó sobre una pierna dejando que un aire de chulería me invadiera.
-Se ve que eres nueva aquí. Soy Pain, por aquí me llaman el rey de estas playas, ya sabes por qué.
Sin pretender ser muy cruel, ver a los tíos en estas situaciones me encantaba, se hacen los chulitos, te enseñan todas sus habilidades para impresionarte mientras tu miente piensa <<Pobre chaval, otra noche a solas con su mano>>.
-¿Por surfear?
-No lo dices muy convencida.
-Es que no me parece que por jugar con unas olas todas las playas sean tuyas. 
-Si me vieras surfear se te caerían las bragas, preciosa.
-Ahhh- Digo con desdén.- En ese caso me alejo de tus dominios. Quiero las bragas en su sitio.- Y le hago un saludo militar con la mano en la frente antes de girarme para salir de la playa.
-Te espero en la próxima competición, te dedicaré el trofeo, cariño.
-Búscate a otra.- Le grito sin girarme a volver a verle. Pero sé que se ha quedado parado sin salir corriendo tras de mi, punto positivo.
-¿Me das tu número, preciosa?- Grita al ver que sigo alejándome.
-Sólo lo doy para emergencias, lo siento.- Y me permito girarme, me encojo de hombros y le dedico una sonrisa de <<Lo siento, otra vez será.>>. Reanudé mi camino después.
-Me estoy muriendo por volver a verte, ¿cuenta eso como emergencia?- Me río para mis adentros y me obligo a no girarme y salir corriendo a sus brazos. Pero no puedo eludirlo más y me doy cuenta de lo rápido que late mi corazón, lo nerviosa que estoy y lo que me tiemblan las manos y piernas. ¿Por qué ha tenido que ser él el que rompiera todos mis esquemas?



Veinte minutos más tarde el autobús, abarrotado de adolescentes de todas las edades, paró frente a mi nuevo instituto. Toda la masa de hormonas con mochila bajó despavorida del autobús como si hubiera estallado una bomba en su interior. El autobusero resoplaba mientras se acariciaba la frente como si estuviera harto de su trabajo y de la panda de críos que tenía que conducir hasta el instituto, espero no acabar algún día así.
Salí de las últimas y casi me quedo sin respiración al ver el enorme edificio que se erguía sobre mi. Era inmensamente grande e impresionante. Tenía cinco plantas así a simple vista, era de piedra blanca y con un estilo barroco, hubiera jurado que había salido de algún cuento de princesas de los que leía a mis primas en España.
Todas las plantas tenían grandes ventanales, no como las pequeñas ventanas a las que estaba acostumbrada a ver en los institutos. Y en la entrada había unas grandes explanadas de hierba y en la derecha yacía un busto de piedra con el nombre del instituto en letras grandes e inscritas en la piedra "High Arts School of Daly City". Era el mejor instituto de artes a 100 km a la redonda, y en persona aún más, sin duda fue lo mejor que mi madre pudo hacer por mí al llegar aquí.
Todo el mundo estaba tirado o saltando por las explanadas de césped con las mochilas y los libros en la mano. La mayoría se estaban abrazando o no paraban de hablar, los típicos reencuentros de después del verano. Fue entonces cuando me di cuenta de lo mal que se pasaba cuando todo el mundo tenía sus grupitos creados, sus amigos, sus reputaciones, sus vidas creadas y tú simplementes vagabas entre todo el mundo intentando pasar desapercibida. 
Continué andando un tramo más hasta que, con suerte, encontré un banco de piedra vacío entre toda la multitud que atestaba los jardines de entrada a la espera de que abrieran las puertas del centro. Parecía muy extraño que entre tanta gente hubiera un banco frente a la puerta de entrada vacío, pero no iba a ser yo quien dejara escapar los pequeños golpes de suerte que el lunes me brindaba.
Me senté y empecé a observar a todo el mundo, una escuela de artes como esta exigía un alto nivel, incluso te sometían a unas pruebas de admisión para entrar (pruebas que pasé nada más aterrizar en California, al parecer mi voz empezaba a abrirme puertas).
-Eh, tú pringada, ¿y esto de sentarte aquí? ¿Qué te crees que eres? ¿Importante?- Levanté la vista lo justo para darme cuenta de que el banco vacío no había sido un golpe de suerte, sino lo contrario. Un rubiales de ojos claros estaba frente a mí, con los brazos cruzados y mirada desafiante. Tras él había el típico grupito de niños ricos y idiotas, cómo no, con sus amiguitas, todas con menos ropa de la necesaria.
-Eh... ¿perdón? ¿Hay algo de malo en que esté aquí sentada?- Lo malo de estas situaciones no era que me hicieran daño o que me hundieran, es que sacaban mi furia interior, esa que pretendo tener enjaulada bajo las entrañas de mi ser. Lo que pasa es que lo tipos como él siempre abrían la jaula y dejaban que mi carácter se apoderara de mi.
-Sí, hay un graaaan problema.- Dijo el gigante de ojos claros.- Que este es nuestro sitio.
-¿Pone en algún lugar tu nombre o el de tus amiguitos?- Y la jaula se abrió.
-Luke, se te está rebelando.- Gritó la rubia que le sujetaba del brazo. 
-Mira idiota,- Dijo acercándose un poco más a mi, para desgracia de él yo no me intimidé.- se ve que eres novata y no sabes nada de este instituto, pero te voy a dar dos consejos porque hoy me siento generoso: 1- Nosotros somos los que mandamos en este instituto, y adivina qué, ningún pardillo nos planta cara porque entonces su vida en este instituto puede ser peor que lamentable.- Tras él todo su grupo de tíos rompe-camisetas empezaron a reírse, disfrutando del espectáculo que le estábamos dando, bueno no sólo a ellos, unos cuantos curiosos también se acercaron a contemplar la escena. Pero tras ellos había un chaval cabizbajo que me llamó la atención.- Y 2- Este al igual que otros muchos sitios más, es nuestro- Se acercó un poco más.- así que...
Pero no le dio tiempo a acabar la frase porque una mano me sujetaba del brazo y tiraba de mí. Me levantó del banco y me arrastró tras él unos cuantos árboles lo suficientemente alejados para dejar de oír sus risotadas. Yo al momento retiré con demasiada brusquedad el brazo de su mano para deshacerme de su agarre.
-Lo siento.- Murmuró el chico. Levanté la mirada y juro que sentí desfallecer. Nunca había visto unos ojos tan azules, azules como el mar, me miraban de soslayo. Aquel chico medía como 5 cm más que yo, no es que fuera una enana, pero a su lado es lo que me hacía parecer.- Soy Niall, Niall Horan. No sé por qué me presento como James Bones, porque soy Niall, pero bueno... encantado.- Y me tiende su mano, se la estrecho y él esboza una sonrisa.
-Encantada... ¿Niall?
-Ajá, se pronuncia Nayal.
-¿Irlandés?
-Sí, ¿tú?
-Española.
-Ah, ahora se de donde viene ese carácter.- Y me regaló otra sonrisa. Su pelo rubio brillaba aún más cuando el sol lo alcanzaba. Aquí todo el mundo era rubio, debía ser de las pocas morenas naturales y no teñidas.
-¿Por qué me has sacado de allí?- No sabía si estar enfadada o agradecida de que me hubiera sacado de todo aquello.- No había terminado con él.- Y me apoyé en el árbol.- Ríete cuanto quieras, no iba a obedecer al gilipollas rubiales.
-Rubio teñido que es peor.- Bromeó Niall.
-Uff, si es teñido entonces déjame que vaya a patearle un poco el culo.- Se río y por un momento agradecí al cielo que no fuera la risa atronadora que te hacía temblar como la que todos los tíos tenían por aquí. Era una risa dulce y contagiosa que me arrancó a mí también una carcajada.
-No te he sacado de allí por ti, sino por él, con ese carácter tenía miedo de que acabaras matándolo.- Y ahora soy yo la que se empieza a reír.- No en serio, has sido muy valiente. Como rey de los frikis de este instituto me declaro fan tuyo.
La alarma que marcaba el principio de las clases tocó y todo el mundo se encaminó a las puertas de entrada.
-¿Vamos?- Y me señaló la puerta. Asentí y me encaminé junto a él al comienzo del primer día de clases.
-Por cierto, soy el presidente de tu club de fans y aún no me sé ni tu nombre, ¿es eso legal?
-No lo creo, siéntete un rebelde.- Me dio un golpe cariñoso en el hombro y me sacó la lengua.- Me llamo Alexi... Llámame Alex.
-Mmmm... Alex, me encanta tu nombre.
-Gracias Nayal.
-¿Por qué pronuncias mi nombre como si fueras un león marino?
Exploté en carcajadas al oír aquello, ¿era siempre tan alegre? Saludó a un par de chicos pero no se fue con ellos, no se separó de mi ni un instante como si tuviera miedo a que me perdiera entre la multitud. Por una parte se lo agradecí, tenía miedo de si al perderme no pudiera salir entre la masa de tanto cuerpo.
-¿Eso es un cumplido?
-Es lo mejor que escucharás en todo el día.- No sabía como tomarme eso, pero al verle la primera vez supe que iba en serio en lo de ser el rey de los frikis del instituto, llevaba una camiseta sin mangas del grupo Guns And Roses junto con unos vaqueros rotos y unas vans viejas, cuando todos los demás tíos estaban enfundados en polos de Hollister y Ralph Lauren. Sabía que él había vivido en algún momento eso de ser el novato, y por su comentario suponía que no se pasaba muy bien. Aún así, él se salía del marco de todo aquello, y por eso no quería separarme de él, era igual de diferente que yo. ¡Y además le gustaba Guns And Roses, mi grupo favorito.
-En ese caso, gracias rubiales. Por cierto, tengo que preguntartelo si no quieres que explote. ¿Eres rubio natural?- Me miró desafiante y me hizo una seña para que me acercara a él.
-Eso es confidencial, tendrás que soportar que te enseñe todo el instituto y las aulas especiales a la hora del almuerzo a cambio de que te cuente eso.- Y me guiñó un ojo.
-En ese caso, ¿a qué hora nos vemos?
-En cuanto toque el tercer timbre reúnete conmigo aquí en la puerta de entrada, pero aviso, no paro de hablar, tú sabrás si quieres arriesgarte a conocer mi secreto.
-No te preocupes por eso, no ves que soy muy buena en defensa, si hablas demasiado una patada ahí abajo es suficiente para hacerte callar.- Y él como acto reflejo se protege con ambas manos sus partes bajas lo que me hace reír de nuevo.
-Controlaré mi lengua entonces.
-Maravilloso.- Y volví a reír.




FIN DEL CAPÍTULO 1.

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Muuy buenas a todo el mundo. 
Y con este capítulo damos la bienvenida a la quinta novela de este blog, "Teenage Dirtbag" uehhh *aplausos*
Me hace mucha ilusión volver a empezar otra novela aquí, y con gente incluso que me lleva siguiendo desde el principio :)
Bueno esta novela empieza un poco floja, pero no os preocupéis va a ver tantos líos que os va a faltar aire para respirar. 
Como pista os voy a decir que toda la novela va inspirada en uno de mis hobbies, cantar. Bailar es mi otra gran pasión pero como la de Louis, Chloe era bailarina no quería volver a repetir, así que en esta va a ser el canto lo que va a definir a la prota, Alex.
Esta novela a su vez va a ser muy diferente a todo lo que he escrito antes, sin tantas muertes ni tantos dramas, quiero que sea super emotiva y romántica, pero a la vez tan intrepidante que os enganche desde un primer momento :)
La música como veréis va a dar mucho juego, porque soy una gran adicta a ella y porque es inevitable aceptar que la música es magia, hace cosas imposibles, en este caso emparejar a dos personas, pero, ¿sabéis quienes son esas dos personas ya?
Bueno pues aquí os dejo el capítulo, espero que lo disfrutéis, y que os enganche a esta novela :)
Muuuuuuuchos besos Xx




domingo, 16 de febrero de 2014

Teenage Dirtbag -Prólogo

TEENAGE DIRTBAG -PRÓLOGO


Alexia Miller es una adolescente dificíl de escasos 17 años.  Siempre estuvo un tanto marginada de la vida social y sólo contaba con un amigo, su padre. Pero a los siete años una noche lo asesinaron, y Alexia se quedó sola. La música siempre fue su salvación, sin ella no sería nadie.
Por otro lado, un adolescente empedernido, chulo, creído y terriblemente sexy que se hace llamar Pain lleva viviendo en Daly City desde que tiene uso de razón, nadie conoce su verdadero nombre, nadie sabe a dónde va o de dónde viene. En el High Arts School todo el mundo le envidia pero nadie es capaz de acercarse a hablar con él por miedo a salir con un ojo morado. La música es su mayor secreto.
La típica chica buena en los estudios que a la vez reniega por completo de los hombres se choca de repente con su nueva vida a la que más la vale acostumbrarse rápido y aprender a morder antes de que la muerdan, y el típico chico malo que roba el almuerzo a los empollones y cada viernes sale de fiesta en busca de una buena juerga y un poco de alcohol para olvidar la mierda vida que tiene, un día se chocan de la forma menos habitual que pueda haber.
Ella le tiene miedo, es el malote de la ciudad, casi todas las chicas siempre se le quedan mirando, y la mayoría han dormido ya en su cama, pero siente una inexplicable atracción que la empuja a ir tras él y fantasear con dejar de pasar desapercibida ante su mirada. En cambio él la tiene calada, siempre la busca y intenta protegerla desde la distancia, pero por una extraña razón es incapaz de dejar de pensar en ella, hay algo familiar en su rostro cada vez que la mira, algo que le dice que no puede acercarse a ella para no hacerla más daño pero es incapaz al mismo tiempo de resistirse a sus encantos, la necesita de un modo salvaje.
¿Quién dijo que la música sólo eran notas sin sentido? A veces la música es el motor de la vida, puede incluso unir a dos personas con unos vínculos tan fuertes y unos pasados tan oscuros que pueden llegar a ser inseparables.



Andrea García

domingo, 9 de febrero de 2014

Epílogo -DTD

EPÍLOGO - DARE TO DREAM

-Chloe- Susurra- Chloe, ¿estás dormida?
-Sí, Louis, hace dos segundos sí.- Abro los ojos y veo frente a mí la sonrisa más bonita de la faz de la Tierra. Ya no tiene los ojos tan cansados, las cuencas oscuras que tenía antes bajo esos ojos esmeraldas ya han desaparecido y han dado lugar a unas pequeñas arrugas que aparecen cuando saca a relucir esa terriblemente sexy sonrisa. Además se puede apreciar que ha vuelto a recuperar su color, incluso debajo de las blancas luces de la habitación del hospital.
-Ups, lo siento.
-No pasa nada cielo.- Y me arranca una sonrisa. Se tumba junto a mí en el sillón para familiares que hay al lado de la cama del paciente. Su brazo me rodea los hombros y yo me dejo esconder junto a su pecho. Me besa la frente dejándome la huella de sus labios impregnada en ella.
-Fuiste muy valiente, ¿sabes?- Me dice. Me encojo de hombros y dejo escapar el aire que almacenaba en mis pulmones.
-No sé si fue valiente, más bien fui demasiado estúpida. Tenía la llave, no la dejé de llevar desde hace años, si se la hubiera dado nos habríamos ahorrado un montón de problemas. Por ejemplo tu espalda, ¿qué tal va, por cierto?
-Bien, es un dolor soportable. Y volviendo a lo de antes, tú no sabías que tenías la llave, no fue culpa tuya que yo acabara con la espalda abierta.- Y me estrecha más fuerte con sus brazos. Su aliento me acaricia el cuello y me pone el vello de punta. Echaba demasiado de menos el contacto de su piel contra la mía. No sé que hubiera sido de mí si hubiera perdido a Louis en aquella casa del terror, le debo a Kris más de lo que jamás podrá imaginarse.- Tobias está ya en la cárcel por lo que hizo, y te juró que lo pasará mal por todo lo que te hizo.- Y me besa la frente de nuevo.
-Louis, deja de pensar en mi un momento, a ti te hizo más daño que a mí.- Y le paso la mano lentamente por debajo de la camiseta de deporte que usa para estar aquí. Hace una semana que le ingresaron justo después de huir de la mansión de paredes blancas de Tobias, y por mágico que parezca ya tiene todas las heridas cicatrizadas, o al menos la mayoría. Las yemas de mis dedos recorren cada cicatriz una a una intentando borrar los recuerdos de todas ellas.- Menos mal para él que está encerrado en la cárcel, si llega a estar libre no querría ser él cuando le pillara. A lo mejor me compraba un látigo y todo, le haría pagar por todo lo que nos hizo, le haría cien cicatrices por cada una que tienes en la espalda.
Resopla y dice con una sonrisilla traviesa asomando por las comisuras de sus labios:
-Podría darse por muerto entonces.- Y se ríe, tan dulce, que me envuelve en un estado de tranquilidad que añoraba desde hace tiempo.- Oye, ¿y qué te parece si me haces pagar todos estos días sin tus labios? Dos besos por cada uno que me debes.- Enarca las cejas y las mueve de arriba a abajo. Nuestras miradas se encuentran y noto como saltan chispas del contacto. Me río y me acerco un poco más a él.
-¿Y cuántos te debo?- Digo en un tono demasiado bajo para que solo me escuche él y demasiado cálido como para que se le derritan los huesos bajo mi cuerpo.
-Creo que mil o cien mil, tú empieza y yo te digo cuando parar.- Me sonríe con picardía y ahora soy yo la que se derrite ante su sonrisa. Me acerco lentamente hacia sus labios y cuando estoy a milimetros de rozarlos se echa hacia atrás. Gruño y él se ríe. Me vuelvo a acercar, ya casi noto su aliento contra el mío, la idea de volver a besarlo después de tantas emociones me enloquece, pero cuando estoy apunto de hacerlo se vuelve a apartar unos centímetros.
-Me encanta provocarte- Susurra en mi oído.- te pones preciosa cuando lo hago.
Y entonces es él el que se abalanza hacia mis labios y los besa con fuerza. Me dejo llevar por la situación, intento recordar cada punto de contacto de sus labios con los míos. Su lengua juguetona busca incansable la mía, su aliento se mezcla con el mío. Sus labios finos y sensuales atrapan los míos. Sentir la presión de su boca con la mía hace que todo desparezca, parece que nada ha pasado entre él y yo, que todo a seguido su rumbo. Sólo él me hace sentir como en casa, aunque todo haya sido un calvario.
-Te echaba de menos.- Dice mientras deja un rastro de besos húmedos por mi clavícula.- Prométeme que jamás nos volveremos a separar, y si algún día me voy, cógeme y bésame para que recuerde lo que tengo a mi lado.
-Te lo prometo Louis. Además.. ahh.. no te será tan fácil huir de mí.- Y se ríe junto a mi piel. Su aliento me recorre todo el cuello, me eriza la piel de los brazos y él al darse cuenta me pasa sus manos cálidas por ellos.
-Te quiero, te quiero tanto que me dejaría pegar las veces que hicieran falta con tal de vivir esto todos los días.- Bajas sus manos por mis costados y las sube, tocando mi piel bajo la camiseta. Sus manos son fuertes y grandes, me aprietan más contra su pecho y yo solo dejo que la ola de calor que me atraviesa cada vez que me toca me enloquezca. No puedo pensar, todos mis sentidos apuntan hacia Louis, y bueno, me gusta dejarme levar por mi instinto. 
-Chloe, pequeña..- Dice mientras sus manos recorren el filo de mi sujetador. Mis manos baja por su torso marcado por los músculos y se agarran a las trabillas de sus vaqueros. Atraigo su cintura a la mía y gime bajo de mi. Sonrío y lo aprieto más.- Oh princesa me vas a volver loco...- Y me besa con fiereza. Algo revolotea en mi estómago y recorre mis venas, adrenalina. 
-Déjame que te vuelva loco, sólo esta noche.- Y le devuelvo el beso con más ganas de las que creía tener. Siento que soy adicta a saborear sus labios, lo haría una y otra vez hasta que se me desgastaran los labios a mí.
-Los chicos apareceran en cualquier momento.
-No, les dí la noche libre.- Le guiño un ojo y él se muerde el labio inferior. Capullo, sabe que eso me encanta. 
-La idea de hacerlo en un hospital no me atrae,- Me desabrocha el sujetador más rápido de lo que creí que podría hacerlo. Me estremezco de lujuria bajo sus portentosos brazos y escondo mi cabeza en su cuello. Me muerde el lóbulo derecho y las pulsaciones se me disparan.-, pero a la mierda todo, ven aquí pequeñaja. 
Y me agarra de la cintura y me da la vuelta quedando él sobre mí. Río juguetona y su mirada se torna oscura y irresistiblemente sexy. Le quito la camiseta y la lanzo al otro lado de la habitación. Empieza a subir la mía hasta que me la quita por completo. Me deshago de sus pantalones mientras él pasa un dedo juguetón por mi estómago, haciendo que arquee la espalda hacia arriba, con su mano agarra mi espalda y me aprieta más contra su pecho desnudo. 
-Me encanta ser el primero. Prometo no defraudarte.- Me besa los labios, baja por mi mentón, mi clavícula y mi pecho. Sigue por el estómago mientras algo ruge en mi interior y no puedo reprimir el gemido.- He fantaseado demasiado con este momento, espero hacerlo tan bien como en mis mejores sueños.- Y yo siento delirar con cada beso que deposita sobre mi piel.
-Te quiero Louis.- Digo entre algún gruñido y algún que otro gemido. Él sonríe y vuelve hacia mí. Me mira firme a los ojos, sin vacilar.
-Has sido, eres y serás siempre lo mejor de mi vida, contigo he superado la barrera del te quiero princesa.- Me roba un beso y yo río como una tonta.- Te adoro, te amo, te quiero más de lo que te puedes imaginar, y quiero hacer contigo esta noche más de lo que puedas pensar.
-¿Y a qué esperas?- Le muerdo el lóbulo y lo chupo, sabe a sal, como el resto de su cuerpo- Soy toda tuya. Siempre lo seré.


FIN DE "DARE TO DREAM"

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Hola!!!
Y esto es el final de la que para mí ha sido mi mejor novela  :)
Llevo todo el fin de semana estudiando pero me he obligado a sacar algo de tiempo para subiros el epílogo. Y como ya se ha terminado la fic de Louis, y toca empezar la de Liam he decidido darle un lavado de imagen al blog, lo he cambiado por completo y lo he dedicado más al mundo del fangirleo de la lectura, obviamente sin olvidarme de nuestros chicos :D
He puesto fotos de mis sagas preferidas, (Los Juegos del Hambre, Hush Hush, Divergente y Cazadores de Sombras) y de mis actores preferidos también, Jennifer Lawrence, Jamie Campbell y Josh Hutcherson ;) 
Volviendo al epílogo, ha sido muy cortito, lo sé, pero quería que fuera corto e intenso, ¿cómo lo habéis visto vosotros?
Espero subiros el prólogo de la próxima fic en esta semana. El nombre elegido al final para la protagonista es... ALEXIA. Gracias a todos por votar, pondré nuevas encuestas pronto, y no dejéis de votar en el botón superior derecho <<HispaBloggers>>.
Nos leemos en el próximo capítulo, muchos besos y gracias por haber estado conmigo una novela más y por esos últimos comentarios anónimos, os debo mucho. Xxx :)

martes, 4 de febrero de 2014

Capítulo 35 FINAL -DTD

CAPÍTULO 35
FINAL DE 
DARE TO DREAM 


-¡Louis!- Grito desesperada. Él alza aún más la cabeza mirando en mi dirección, pero solo puede hacer una mueca de dolor, sus brazos le fallan y se vuelve a caer para quedar tendido en el suelo.- ¡LOUIS!
Me da igual que las piernas no quieran reaccionar, deben hacerlo. Corro hacia él cayendo estrepitosamente a su lado. Le miro. Tiene los ojos inyectados en sangre, bajo de ellos hay dos aros oscuros que muestran su falta de sueño. 
Noto un nudo en la garganta tan agudo que creo que me está cortando la respiración. Le toco delicadamente la espalda, en cuanto las yemas de mis dedos tocan su piel, él solloza un grito tan fuerte que me asusto y aparto en un cerrar de ojos la mano de sus heridas. Veo como unas cuantas lágrimas caen sigilosas por sus mejillas y mi corazón deja de palpitar por un segundo.
-Louis...- Consigo murmurar. 
Su mano temblorosa encuentra la mía. La aprieto tan fuerte que temo hacerle daño. Me mira, la pena inunda sus verdes ojos, no puedo verle en ese estado.
-Pequeña, huye de aquí, lo más lejos posible.- Dice con una voz apenas audible.
-No, jamás sin ti.
-Nena, no me quieren a mí, te quieren a ti.- Me da un vuelco al estómago. Realmente no me quieren a mi, quieren la llave.- Me están torturando para hacerte daño y que les digas lo que quieren.
-Pues les ha salido mal el plan.- Me acerco más a él y cojo su angelical cara entre mis manos. Con la manga de la camisa me quito un par de lágrimas de la cara e inspiro.- Louis, no me voy a ir sin ti, te guste o no.
-Cielo te van a herir.- Preferiría que me metieran un balazo entre ceja y ceja antes que verle así, descompuesto, con las espalda llena de heridas que rebosaban de sangre roja y los ojos llorosos.
Siendo tan dulce y tierno, incluso con la espalda llena de heridas que no dejan de sangrar, no me ayuda nada. Quiero que se deje de preocupar de mí, ahora mismo tengo que jugar mi única carta, la supervivencia, y él está involucrado en ella y la tengo que jugar bien.
No hay más opciones, es a todo o nada.
Me inclino serena y con valentía hacia sus labios y los beso. Dejo que su sabor me llene por completo. Él me coge de la nuca y me atrae más a él. Sentir la presión de su boca contra la mía  me relaja todos los músculos, me aclara las ideas. Solo quiero sacarle de aquí. Entrelaza sus dedos largos y finos entre los míos, sus yemas heladas acarician mis nudillos y sus labios atrapan los míos.
-Pase lo que pase, quiero que sepas que te quiero.
-Louis..- Sollozo.- No va a pasar nada. Te lo prometo..- Clava su mirada en mí, y noto como poco a poco me hago más pequeñita. No sé si confía en que salgamos de esta, pero no quiero su confianza, sólo quiero que se levante y le pueda ayudar a huir de aquí.
-Vayámonos.- Declaró.
Me incorporó y le tiendo una mano. Como mejor puede se aferra a ella y se levanta cansado y lento. Las piernas le tiemblan como si de un flan se tratase. Paso su brazo por mis hombros y él entrelaza mi mano en la suya. Intento agarrarle por la espalda sin hacerle gritar de horror por haber rozado alguna herida pero no puedo ser más cuidadosa de lo que ya soy.
-Apóyate en mí, todo irá bien.- Y le beso la frente. Él solo suspira y se deja llevar, está demasiado débil como para andar solo, los párpados se le cierran de vez en cuando y noto como cada vez cierne más peso sobre mi espalda. 
Pero da igual, lo prefiero a tenerlo muerto.
Empezamos a andar pero cuando ni siquiera hemos dado dos pasos una figura alta y corpulenta nos bloquea la salida de la habitación. Demasiado grande como para pasar desapercibida, demasiado familiar como para no reconocerla.
<<Mierda, Tobias ha vuelto>>- pienso.
-Veo que ya has encontrado a tu otro rehén.
-Corrección: TU otro rehén.
-Bueno y cuéntame, ¿ibais a dar un paseo?
-Sí, a estirar las piernas nada más. Ah Tobias, bonita habitación- Le digo. Solo quiero distraerlo con una conversación inútil mientras pienso en una manera de salir de aquí. Él es mucho más alto que yo, su complexión es mayor que la mía, pero apuesto a que yo soy más inteligente que él.- Me gusta esa lámpara.
-¿Cuál? 
<<Louis perdóname por esto>>- Pienso.
Y le suelto rápidamente de mi agarre. El cuerpo moribundo de Louis cae estrepitosamente al suelo y la mirada de Tobias sigue la caída del cuerpo. Corro hacia la esquina izquierda de la habitación y cojo la lámpara de oro que hay. Tiro de ella arrancándole el cable del enchufe, para cuando Tobias se quiere dar cuenta de mi ausencia yo ya le estoy embistiendo. 
Me abalanzo contra él intentando darle un buen golpe que lo desestabilice y me dé unos minutos, o segundos, para poder actuar y salir corriendo de allí. Pero se da cuenta de que voy a por él y en un elegante y rápido movimiento se gira y coge la lámpara por el lado con el que le apunto, la coge y tira de ella. Me aferro a la lámpara con todas mis fuerzas, pero obviamente él me supera en fuerza y mis manos se empiezan a resbalar. Entonces tira y me arrebata la lámpara de las manos, del impacto soy yo la que se desestabiliza al final y retrocedo unos pasos para recuperar el equilibrio.
Me mira con sus ojos desafiantes, negros y profundos como dos pozos que no tuvieran final. Me doy cuenta que cuando se enfada le aparece una arruga entre los ojos, entre ceja y ceja. Si tuviera que admitirlo diría que estoy aterrada, pero no lo admito, me obligo a bloquear el miedo y a sacar fuerzas aunque no tenga. Noto la adrenalina correr por mis venas y un par de gotas de sudor recorrer mi nuca. No quiero darle pistas de que aún puede ganar esta batalla, porque no quiero que gane esta batalla.
No va a ganarla, no si yo aún sigo con vida.
-¿Qué? No me mires así, ¿pretendías matarme con una lámpara?- Suelta una carcajada que retumba en la habitación y me hiela la sangre.- ¿Tan desesperada estás?- Y mira a mi novio moribundo que yace boca abajo en el suelo.- Ah, veo que sí.- Por la comisura de sus labios aparece lo que se supone que es un sonrisa, pero cargada de terror y victoria. Se va acercando poco a poco. A cada paso que da me tiembla más el cuerpo. Estoy desarmada.
Estoy acabada.
-¿Qué quieres? ¿Matarme?- Digo intentando sonar lo más estable y apacible posible. 
Una parte de mí aún tiene esperanza de seguir con vida un tiempo más, no sé cuanto, unos minutos o horas, porque si hubiera querido matarme ya lo hubiera hecho antes, solo tiene que chasquear los dedos y ya hay doscientas pistolas apuntándome a la cabeza. Pero por otra parte, Tobias no es un tipo normal, a lo mejor está esperando el momento oportuno para chasquear los dedos, su asquerosa mente malévola sólo quiere verme sufrir, porqué a esas alturas del partido a todos nos ha quedado claro que tiene como hobbie torturar a la gente, y creo que en estos momentos encabezo su lista. Y si quiere hacerme daño, está en ello, torturando a mi bebé y a mi novio, quiere volverme loca, hacerme sufrir de un modo intolerable hasta que no pueda más y la tristeza y la desesperación se apoderen de mí y me coman las entrañas y sea yo misma quien acabe apuntándome con una pistola, pero se equivoca si ese es su plan, la vida ya me ha dado suficientes palos y a consecuencia de ello, si he podido sacar algo en ventaja de esas situaciones es que he desarrollado mi instinto de supervivencia y mis fuerzas. No me gusta rendirme a la primera, suelo luchar a contracorriente con un ímpetu sobrehumano hasta que las fuerzas o las ganas de salir a flote se acaben y puedan conmigo, entonces sé que todo está perdido.
Pero aún no se me han acabado.
Da dos pasos hacia mí y yo retrocedo tres con cierto aire nervioso. Me mira y en sus ojos veo todo lo que está disfrutando con esta situación.
-Sí, matarte sería un gran entretenimiento y me ahorraría hacer todo esto, pero no puedo. Tengo otra cosa preparada para tí.
Vaya esa respuesta no es la que me esperaba. Esconde la mano detrás de él y rebusca en su bolsillo. No para de acercarse cada vez más a mi, a paso lento pero decidido. Siento como me tiembla cada músculo y como mi corazón late a unas pulsaciones record. Y por fin parece haber encontrado lo que esperaba y saca la mano del bolsillo trasero. 
De la mano le cuelga una cuerda, pero no de tela o nylon, sino de metal. ¿¡Metal!? Parece un metal que tiene bastante movilidad y que no sirve para hacer muchos amigos la verdad.
-¿Y...- Me obligo a controlar todos mis nervios y terminar la frase, justo cuando mi espalda toca la pared del fondo de la habitación.-.. qué es eso que tienes preparado para mí?- Digo sin dejar de mirar la cuerda. Soy presa del pánico al darme cuenta de que no puedo huir más, estoy atrapada, por detrás de mí tengo la pared, por delante a un gilipollas integral con un látigo de metal.
Y yo que creía que mi vida era aburrida.
Y en un vistazo instantáneo veo como Louis reúne unas pocas de fuerzas y levanta su torso del suelo, al levantar la cabeza y no verme noto como me busca con la mirada y como todos los músculos de sus brazos y espalda se tensan. Vuelvo a dirigir la mirada a Tobias para que no vea que le estaba mirando.
-Cielo, no te asustes, es un cielo.- Dice el gilipollas integral. Me coge del mentón y me obliga a mirarle, levanta el látigo como si quisiera mostrármelo pero me prohíbo hacerlo, ya lo he examinado lo suficiente, cada vez que lo veo me aterro más y no es momento para asustarse.- Se llama preguntas y respuestas, yo te pregunto unas cosas y tú me respondes.
-Un nombre muy original, sí.- Digo sin un apéndice de humor en mis palabras.
-Lo gracioso del juego, verás te vas a reír cuando te lo cuente, lo gracioso es que si continuas con tu actitud de rebelde y no me das la respuesta que quiero escuchar, entonces este látigo acabará en tu piel, y bueno, veo que a tu novio le ha gustado bastante el juego, ¿no crees?
Sin mirarle recuerdo la primera vez que vi su espalda, llena de heridas desde el cuello hasta la parte baja de la espalda, todas derramando sangre a raudales. No tenía un centímetro de piel que no sangrara. Era imposible sostenerlo o simplemente acariciarlo, se retorcía de dolor y sé que aún lo sigue haciendo.
Cierro los ojos para retener las lágrimas y que no salgan disparadas por mis mejillas, no quiero mostrarme débil en su cara sino sabrá que soy vulnerable.
-¿Es ahora el momento en el que me tengo que reír o viene después cuando me azotes todo el cuerpo con tu látigo imparable?
-Empecemos.- Miro furtivamente a Louis que se empieza a sentar en el suelo.- ¿Dónde está la llave? 
-Vas directo al grano, ¿eh?- No dejo de mirar a Louis, que coge una bocanada de aire, y con las poquitas fuerzas que le quedan, se gira en nuestra dirección.
-No me gusta perder el tiempo, y menos que me lo hagan perder, así que contesta, ¿dónde esta la llave de tu madre?
Él no sabe lo graciosa que me resulta a mi la situación, mi madre murió hace años y me dejo en herencia unas cuantas cosas a las cuales no les atribuyo más importancia de la que debería, sólo son recuerdos, pero hace un año me asaltaron un grupo de criminales porque buscaban esos recuerdos ya que según me dijeron mi madre formaba parte de otro grupo de mafiosos y ellos buscaban objetos importantes para sus planes, ¿el por qué? Meses después sigo sin saberlo. Como no sé que buscaban ni su necesidad, no se los dí, así que me violaron y ya lo buscaron ellos por su propia cuenta saqueando mi casa. Me mude de Doncaster el que hasta ese momento fue mi hogar, y cuándo creí que me había alejado de toda esa mierda resulta que la mierda había venido a por mí, entonces ahora me secuestran a mí y a las dos personas más importantes de mi vida, que son mi hija y el chico por el que estoy locamente enamorada, y me vuelven a exigir unas pertenencias que no tengo. De verdad no sé como después de todo esto no me he reído, mi situación es para pegarse un tiro y ser feliz en un mundo ajeno a este.
-¿Siéndote sincera Tobias? No sé donde está la puta llave, de saberlo ya te la hubiera dado.
Entonces vi como levantaba el brazo con tanto ímpetu que se le marcaron todos los músculos y todas las venas del brazo que llevaba descubierto bajo la camiseta negra de manga corta que llevaba.
Y cómo si de un rayo se tratase el látigo me atravesó toda la cara, de la ceja izquierda hasta la barbilla. Si al metal le añades un velocidad descomunal, el resultado resulta más que doloroso.
Me ardía toda la cara, pero en especial la herida me abrasaba la mejilla. Notaba al mismo tiempo como me había abierto la piel, un gran látigo de metal contra una fina y delicada piel era como cortar con un cuchillo maestro un trozo de mantequilla.
-¡CHLOE!- Grita alguien a sus espaldas. Una voz tan peculiar, que me ha acariciado tantas veces, que me susurraba al oído. Es esa voz que se te mete en la cabeza en un susurro y no quieres que salga nunca, tan cálida y familiar, pero esta vez tan rota y desesperada. 
Louis, tras él, intenta ponerse de pie pero le cuesta horrores levantar su cuerpo. 
Le miro de soslayo y en sus ojos se refleja la pena y el miedo en grandes dimensiones, pero también la ira con la que mira a Tobias que apenas se inmuta por él.
-Sigamos con el juego.- Dice como si no le hubiera oído. Me coge de nuevo por el mentón y mete un dedo en la herida. Me muerdo la lengua para reprimir el grito y me intento zafar de sus dedos que me tienen fuertemente agarrada la cara.- ¿Dónde está la maldita llave?
¿Por qué es tan importante una llave? Si mi madre hubiera querido guardar algo tan valioso incluso antes de su muerte en aquellos grandes almacenes, no me la hubiera dado, la hubiera hecho desaparecer por alguna parte.
-¿Qué te hace pensar que la tengo yo?
-Hemos buscado por todas partes, y la única persona a la que la ha donado su herencia has sido tú, ¿qué te hace pensar que no la tienes?
-Que llevo viviendo desde el día de su muerte con todas las cosas que me heredó y jamás he visto una llave.
-Mira niñata me he cansado de tanta palabrería falsa,- Me agarra con la mano, izquierda que es la que tiene libre, de las muñecas apretándomelas como si de esposas se tratase. Me mira tan de cerca a los ojos que entonces siento el miedo correr por mis venas en grandes dósis.- dame la puta llave de una vez y todo acabará sino, no quieras saber lo que haré contigo y tus familiares.
Una vez más los impulsos me guiaban en vez de los pensamientos razonados, no era tiempo de pararse a pensar en cual sería su próximo movimiento para saber por dónde atacar, era hora simplemente de atacar.
Retiré con demasiada fuerza bruta las manos de su agarre y le dí una patada en el estómago, pero fue más rápido que yo y con la mano libre cogió mi pierna antes de que impactara contra su estómago. Entonces unos brazos portentosos aunque algo débiles rodearon su cuello.
-Louis.- Musité tan bajito que solo creo haberlo oído yo. 
Apretó el brazo más contra su cuello y entonces me soltó la pierna. Se echó para atrás y Louis se acerco a su oído.
-Para volver a ponerla una mano encima tendrás que pasar antes por encima de mi cadáver, gilipollas.
Pero Tobias (que medía unos cinco centímetros más que Louis) parecía disfrutar de la situación. Más bien parecía divertirse, como si hubiera sido un niño de cinco años quien le estuviera amenazando.
Antes de dar una tregua para dejarnos respirar a todos cogió su muñeca y lo levantó por los aires estámpandole de nuevo contra el suelo. Le había tirado con tanta fuerza que cuando cayó contra el suelo éste tembló. Lo peor de todo es que había caído de espaldas.
Grité a todo pulmón llevándome las manos a la cara. Lo había matado.
-¡¡LOUIS!!- Grité casi ahogándome con mis propias palabras. Corrí hacia él y me tiré junto a su cuerpo. Intentaba respirar pero el golpe le había presionado demasiado los pulmones contra las costillas y tenía dificultades para respirar. Conozco la sensación, porque bailando me he caído demasiadas veces de espaldas con demasiado ímpetu, pero jamás con tanta fuerza así que si aún quería respirar las dificultades se multiplicaban por mil. 
Soy presa del pánico, pongo las manos en su pecho y presiono varias veces ininterrumpidamente obligándole a respirar. 
Detrás de mí escucho una carcajada, Tobias está detrás. 
Sus carcajadas son tan huecas que rebotan por toda la habitación, y tan profundas a la vez que me calan los huesos. Me entran en la cabeza y me impiden pensar con claridad. Yo no paro de golpear el pecho de Louis con la maniobra de salvación que me enseñaron hace unos años en un curso de salvamento marítimo. Siento los brazos flaquear cuando Louis suelta un gemido y empieza a toser, respira al fin. Tiene los ojos llorosos y no impide que las lagrimas surquen sus pálidas mejillas. El corazón se me encoje cuando veo en el estado que esta, no creo que pueda levantar algún músculo, ni siquiera sé como hace para respirar.
Me agacho a su lado y le cojo la cabeza con la máxima delicadeza. Ahora soy yo quien deja las lágrimas caer. Me duele la herida cada vez que una lágrima recorre el surco de carne viva que ha dejado el látigo a su paso por mi cara. Los dedos me tiemblan y el cuerpo me pesa más que nunca, voy notando el cansancio poco a poco. 
Al fin abre los ojos, su mirada se encuentra con la mía y entonces todo desaparece, dejo que el verde de sus ojos cristalinos me invada por completo. Su tacto frío pero seguro me recorre las manos, sus yemas mágicas que un día hicieron mover mi obstáculo recorren ahora mis manos temblorosas. Sus labios tan irresistibles ahora forman una fina linea. Se le ve demasiado pálido, demasiado triste para saber que es él. Jamás me perdonaré haberle metido en todo esto. Jamás me perdonaré haberle arrastrado a mi vida.
-Te... te quiero.- Musita con un hilo de voz. Suspira y me examina, de arriba a abajo.- Quiero acordarme de ti cuando me vaya.
Las lágrimas se desbocaban de su recorrido y salían sin parar. Algo me comía por dentro, pena, desesperación y amor.
-No te vas a ir.- Le susurro, y le acaricio la mejilla, coge mi mano y la estrecha con la suya.- Bueno, sí, te vas a venir conmigo.
Con el pulgar me limpia las lágrimas y hace un intento de esbozar una sonrisa, que se queda en eso un intento, pero a mi me sirve.
-Contigo me voy al fin del mundo, no lo olvides jamás.- Y tira de mí hacia él, pero algo nos interrumpe.
Tobias, aún detrás de mí, carraspea. Me giro y al fin capto su atención. Me seco las lagrimas que quedan con la palma de la mano y le miro desafiante. Nunca me perdonaré muchas cosas, pero a él no le perdonaré muchas más.
-Sí, sí un momento muy bonito pero yo nunca fui de comedias románticas.- Se ve que le van más los thriller psicológicos o algo por el estilo.- Mira estoy cansado de todo esto, de tu actitud de niñata que crees que mintiendo y mostrándote débil te dejaré en paz, tú no me importabas, lo único que necesitaba era la maldita llave, pero esto ya se ha convertido en algo personal- Y al decir esto último levantó el látigo y inevitablemente volví a mirarlo con el miedo volviéndose a apoderar de mi apreté más la mano de Louis y él me respondió con otro apretón. Con la otra mano sacó una pistola bastante grande como para asustare más.- Tómatelo como una amenaza, dime donde está la puta llave o sino ya puedes despedirte de tu novio y del mundo, te mandaré derechita al otro barrio.
-Eso se le llama asesinato.- Le espeto.
-Sí, y yo soy un asesino, felicidades por darte cuenta de la situación al final.- Me miró expectante, ¿qué haría ahora? No había llave, y estaba desarmada. Él estaba de pie a dos pasos frente la puerta, bloqueándola era imposible salir corriendo, y no podía contar con que Louis diera un paso. Adiós a todo. Mirándolo por el lado bueno tampoco era tan malo desaparecer, ya no habría más acosadores, familias con pasados oscuros de los cuales no sé nada y estoy genéticamente involucrada, ni secuestros ni matanzas. A lo mejor ha sido lo mejor desde un principio.- Y bien, ¿la respuesta?
Miré atrás, Louis se había levantado y estaba como yo, sentado. Nos separaban unos centímetros, podía olerle. Le miro a los ojos y recuerdo la de sonrisas que me ha dedicado, la de noches que dormimos juntos, la de veces que sus manos han hecho de mí una simple muñeca de trapo atrapada bajo su tacto. Sus labios tan irresistibles que me han hecho descubrir placeres que desconocía. Éste es el chico que me hizo sentir cosas que creía perdidas, me ayudó a confiar en mí misma, a superar todo tipo de barreras, me ha salvado en tantas ocasiones que me siento decepcionada de no salvarle yo esta vez. Éste chico que daría la vida por mí y una vez más me lo está demostrando, este chico es mi novio, y ante todo mi mejor amigo. Se ganó mi corazón, mi vida. Me ganó entera. Soy suya, siempre lo seré, y él será mío, aquí o en el cielo, pero lo será.
Suspiro intentando liberar todos esos recuerdos que me empiezan a abrumar.
Louis se muerde el labio y me mira con esos ojos llorosos.
<<No llores por favor>> -pensé.
Volví a dirigir la mirada a Tobias. Le miré cansada. Tenía un nudo en la garganta que no me dejaba hablar. Eran como unas manos invisibles que me apretaban más y más el cuello impidiéndome respirar. No podía más con todo aquello, cuánto antes lo hiciera mejor.
Me encogí de hombros y le dije:
-Dispárame.- Al decir aquello no esperaba un aplauso ni nada por el estilo, pero podría decir que me gustaría que su cara hubiera expresado algo más que pura indiferencia. Al fin y al cabo era algo muy importante para su banda, no esperaba ser un balazo más.
Me coloqué de rodillas frente a él y le miré. Si iba a matarme no quería dejar de mirarle ni un segundo, quiero que mi mirada cargue en su conciencia hasta en sus peores sueños, como un pequeño y último acto de rebeldía.
Mi último, me recordé.
-¡No!- Grita Louis a mis espaldas. Me coge del brazo y intenta tirar de mí pero está demasiado débil como para superarme en fuerza. Me deshago de su agarre. Y no le miro, sigo sin quitarle la mirada a Tobias aunque la vista se me nubla con el manto de lágrimas que amenaza con salir, así que ahora le veo borroso.
-¡Que no! Jamás la matarás, no si yo sigo aquí.- Intenta ponerse de pie pero las piernas le ceden y vuelve a caerse al suelo.- No la mates.- Susurra, pero no le oigo volver a levantarse. No tiene más fuerzas para seguir luchando, se está desangrando.
<<Sé fuerte Louis, sé fuerte por mí, como mi última voluntad. Te quiero, te quiero, te quiero>>
Ójala pudiera oír mis pensamientos, porque soy incapaz de gesticular palabra alguna. 
-¡Dispárame de una vez, termina con esto ya!- Le grito.
Deja caer el látigo y con ambas mano se pone en posición. Su blanco: mi cabeza.
-¿Últimas palabras?
-Louis, sé fuerte y intenta sobrevivir, por los dos. Gracias por todo mejor amigo, te quiero.- Susurro. Ya no tengo más fuerzas para retener las lágrimas así que las dejo caer, tampoco sé si las quería seguir conteniendo.
Le miro a los ojos y ¡Pum!
Al sonar el disparo cierro los ojos y dejo que la oscuridad me invada.








El disparo hace unos segundos que ha sonado, pero yo creo seguir sintiéndome en mi cuerpo y la mente aún no me ha abandonado. Tal vez así es la muerte, simplemente un estado de tranquilidad y completa oscuridad. Pero abro un ojo, sigo de rodillas con las mejillas húmedas y frente a mí yace un cuerpo, y no es el mío.
Es el de Tobias.
Ahogo un grito pero no siento ni una pizca de pena por su muerte. Tras el cuerpo hay otra figura apoyada en la puerta aún en posición de disparo. Es un chico, alto, con los músculos realzando cada tramo de su piel, tiene un cuerpo de bailarín... bailarín.
-¿Kristopher?- Murmuro.
Su respiración es descompasada y tiene todo el cuerpo en tensión. Baja el arma al escuchar mi voz. Su mirada torna a ser un poco más cálida y me tiende la mano.
La acepto.
-Toma coge mi pistola, yo cargo con tu novio. Cúbrenos las espaldas.- Cojo la pistola inmediatamente, pero sigo en estado de shock. Coge a Louis y se lo carga a la espalda, y entonces me mira.- Vamos, no tenemos mucho tiempo esto esta lleno de capullos lameculos de Tobias, sino nos damos prisa nos pillarán, y no quiero que vuelvan a ponerte una pistola entre ceja y ceja, porque entonces me pondré a meter disparos a cualquiera que se nos cruce. Vamos, vamos.
-Mi bebé.- Musito.
-No te preocupes por eso, ya me he encargado yo, sigue adelante.
Me obligo a mover mis piernas y salir de allí.




Diez minutos más tarde abro la última puerta cuando un frío gélido me aplasta, sujeto la puerta hasta que pasan Kristopher con Louis cargado a sus hombros. Cierro la puerta y respiro un poco de aire fresco. 
-Vamos, sube.- Dice Kristopher abriendo la puerta de una furgoneta que está aparcada frente a la casa. El sol se abre paso entre el bosque de las afueras de Liverpool, los primeros rayos de sol se hacen ver y acarician la delicada hierba. Y con el sol, nuestra salvación. Corro hacia la furgoneta y subo tras Kristopher. Se pone en marcha y se aleja poco a poco de la casa del terror.
-Te presento, estos son Zayn, Harry, Niall y Andy, creo que los conoces pero sino quiero decirte que son tus héroes, yo soy Kris, aunque tú puedes llamarme Kristopher. Liam está esperándonos en casa con comida caliente y muchas ganas de veros. Aquí tus héroes cuando entraron en tu casa y vieron que los tres habías desaparecido y había rastros de sangre por toda la casa antes de llamar a la policía vinieron a buscarme a la cárcel, y bueno, se ve que son bastante buenos para convencer a los guardias de que salvar a una amiga de un cabrón asesino puede servir como salida didáctica.- Y esboza una sonrisa. 
Louis en el asiento de al lado suyo, está tirado con toda la espalda ensangrentada. No puedo evitar mirarle.
-No te preocupes por él, vamos camino al hospital.- Dice Zayn que no quita la vista de la carretera y del volante.
Niall a su lado está preparando una papilla instántánea, cuando me doy cuenta de que mi chiquitina está en brazos de mi mayor heroína, Andy mi mejor amiga. Harry a su lado le canta una dulce nana.
-Gracias por todo esto, tú eres el gran héroe.- Se encoge de brazos y me tiende una manta, la cual acepto encantada.
-Toma, se te ve con frío. Y no, no soy un héroe, simplemente un capullo integral que se equivocó contigo, no sabes lo que me arrepiento de haberte puesto las manos encimas aquella noche, jamás me lo perdonaré.
-Perdónatelo, yo ya lo he hecho.
Sus ojos se abrieron como platos, la exclamación se dibujaba en su cara.
-¿Por qué?- Dice incrédulo.
-Porque esa banda no hizo ningún bien a nadie, estabas presionado. Y por encima de todo acabas de salvarme la vida, lo menos que puedo hacer es borrar aquel recuerdo y dejarlo pasar.
-Mejor, dejémoslo pasar. Pero ahora, déjame ver tu herida, esto no quiero dejarlo pasar.
Me destapo de la manta que envuelve mi espalda y sus dedos habilidosos se abren paso entre mi melena grasienta y sucia, coge el cuello de la camiseta y tira de él tras ver el recorrido de la cara. La herida me llega hasta la clavícula. 
-Espera, será mejor si te quito este collar, te está rozando la herida y me dificulta más examinartela si lo tienes encima.
Busca el enganche mientras yo aparto el pelo.
-No sé si funcionará aún el enganche, llevo años sin quitarme el collar, fue un regalo de mi madre de antes de que muriera.
Pero como si no hubiera dicho nada desabrocha el enganche y me lo quita. Cuando lo deja caer en la palma de su mano ahoga un grito y se lleva la mano a la boca. Le miro sin saber a que se debe tanta expectación, Niall, Harry y Andy también se inclinan hacia atrás y lo miran.
-Chloe, es la llave.- Musita sorprendido.
Entonces miro el collar que me regalo mi madre a los siete u ocho años, es una llave vieja de metal desgastado. Cuando me la dio recuerdo ahora que me dijo <<Nunca pierdas las esperanzas, a veces a quién menos piensas creer tu amigo es el que realmente daría la vida por ti>> y pum, Kristopher yace a mi lado con la llave en las manos después de haber huido de la cárcel, y haberse infiltrado en la casa de uno de los componentes de su propia banda de mafiosos sólo para jugarse el cuello intentando salvarnos a mí y mi hija y novio.
Mi madre jamás se cansará de darme lecciones, incluso muerta.
-¿Cómo hiciste para esconderla e incluso dar la vida por ella?- Dice sin dejar de observarla.
-No sabía... no sabía que estaba ahí. Jamás hubiera pensado que esa era la llave que buscaban.
-Pues para la próxima vez piénsalo mejor, no quiero volver a salvarte la vida.- Dice y me sonríe.
Yo le doy un codazo y le devuelvo la sonrisa. Quién me diría a mí que sería él quien me devolviera la sonrisa.
-Gracias,- digo después de reírnos.- gracias de verdad, te quiero Kris.
-¡OH DIOS MÍO! ¿Lo habéis oído todos?
-Si granuja, una chica te ha dicho que te quiere, felicidades, ¿es la primera?- Dice sarcástico Zayn.
-No es eso imbécil, me ha llamado Kris. ¡Me ha llamado Kris!
Y todos explotamos en carcajadas. 
Nunca subestimes a nadie, y jamás decaigas, siempre ten esperanzas hasta que todo se vuelva oscuro y signifique el final, mientras sigas respirando sigue luchando, porque entonces no es el final, es lo que diría ahora mi madre. Y no la podría comprender mejor. Nada es lo que parece y los que crees de tu lado acaban en tu contra, los que crees perdidos resurgen para volver junto a ti, y los que siempre estuvieron, las verdaderas personas que jamás se despegaron de ti, esas siempre estarán ahí.
Gracias Louis, mi héroe. Gracias por salvarme.


FIN 

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MUYYYYYY BUENAS!!
Deberíais matarme, lo sé, me lo tengo merecido por tardar tanto en subiros capítulo, pero estoy de examenes siempre y ya que era el último capítulo quería que fuera perfecto así que he tardado días en perfeccionarlo. 
Y ESTE ES EL FINAL DE "DARE TO DREAM" *lloros* espero subiros esta semana el epílogo y ya finalizar de una vez por todas esta fic.
¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Demasiado largo tal vez? Y una pregunta muy importante que os quiero hacer, ¿os lo esperábais que acabara así? COMENTADME HOY ANDA POR FAVOR POR FAVOR QUIERO MÁS QUE NADA LEEROS
Bueno me despido de vosotros hasta el epílogo, muchas gracias por no dejar de leerme nunca, sois los mejores, os quiero mucho :) Xxx





jueves, 16 de enero de 2014

Capítulo 34 -DTD

CAPÍTULO 34
Continuación

La cabeza me duele más que nunca. Abro los ojos con cuidado porque me duelen hasta los párpados. Todo está demasiado oscuro, por eso tardo unos minutos en acostumbrar la vista a la oscuridad. Estoy tirada en un suelo de piedra tan rugoso que me ha hecho raspones en la piel mientras estaba desmayada. Me incorporo y examino el lugar en el cual no sé como mierdas he llegado. 
Es una sala, no muy grande pero bastante alta, porque solo hay una puerta de dos metros por lo menos, de acero y una pequeña ventana a lo alto que deja entrar la única fuente de luz en la habitación. El ambiente es denso y húmedo, huele a sangre y a humo de tabaco, pero no hay ninguna nebulosa de humo procedente de algún cigarrillo a medio apagar.
Mi espalda encuentra la pared y me quedo allí parada. Intento aclarar toda la tormenta de ideas y sentimientos que es mi cabeza.
Pero antes de que me de tiempo a pensar lo más mínimo la puerta empieza a rechinar y se abre torpemente dejando pasar toda la luz procedente del exterior. Es una luz blanca que me ataca a los ojos. Entrecerrados un poco intento mirar a través, y veo una figura alta, musculosa y joven que se acerca a paso firme hacia mí, haciendo rechinar sus botas a cada zancada que da. Intento alejarme lo más que puedo, pero mi espalda ya está pegada a la pared, no tengo escapatoria.
Se agacha delante de mí y me agarra con brusquedad la muñeca, cuando lo hace noto como me vibran los dedos y veo como todo mi cuerpo tiembla como un perro bajo la lluvia fría de otoño.
-Buenas tardes preciosa, al fin despiertas.- Cuándo torna un poco la cara la luz procedente de la puerta me deja ver una sonrisa retorcida y malévola de unas facciones jóvenes y casi perfectas. Pero nada de eso, es Tobias, el ser más despiadado del universo. Intento zafarme de su agarre pero es imposible, es el doble de grande que yo y en su cuello tiene más músculos que yo en todo mi cuerpo. En condiciones normales me hubiera atrevido a abofetearle o intentar derribarlo para salir huyendo, pero me faltan nutrientes y energía suficientes para hacerlo, sería inútil.
-¿Qué hago aquí Tobias? ¿Qué quieres de mi?- Casi susurro con la voz quebrada, no se lo digo a modo de súplica sino que el cansancio también se apodera de mis ganas de hablar.
-Eh nena no te arrastres tan rápido, hablemos un poco antes de entrar a la acción, ¿no crees?- Dice en un intento de ser amable. Que ganas de escupirle en la cara.
-Los entrantes nunca me gustaron, prefiero ir al plato principal.
-¿Y qué te parece el postre?- Y a lo lejos oigo unos sollozos. Me pongo tensa y miro involuntariamente a la puerta aún abierta que deja ver un pasillo de mármoles blancos tan relucientes que ciegan.
-¿Tienes a más gente encerrada en tu casa? ¡Eres un enfermo! ¡Estás loco Tobias loco!- Grito.
-Técnicamente no es mi casa, es como una casa de verano, estamos a las afueras de la ciudad, pero eso tampoco te interesa mucho, no saldrás de aquí a menos que me digas lo que quiero.
-¿Casa de verano? ¿Y para qué la usas, para torturar a la gente? Es un hobbie bastante peculiar, si lo pones en tu biografía en una casa de citas no te aseguro que tengas muchas pretendientas.
Sin darme tiempo a reírme de mi gracia, lleva ambas manos a mi cuello y lo zarandea haciendo que mi cabeza se golpeé fuertemente con la piedra. Ahogo un grito y me muerdo el labio para no darle el placer de verme gritar y agonizar de dolor. 
Sus ojos ya no tienen la chispa de felicidad de verme en este lugar, ahora son más oscuros, como dos pozos negros que no tuvieran final y me miran con una brutalidad que asusta. 
-Deja de hacerte la graciosa conmigo. Escucha mejor el sonido, ¿quién crees que está llorando?- Doy una bocanada de aire rápidamente cuando me suelta y intento calmar mi respiración. Y de repente se me agudiza el oído, los sollozos son más fuertes. Son gritos largos pero agudos, muy dulces e infantiles...
-¡¡DIANA!!- Grito a todo pulmón.- ¡DIANA! ¡Hijo de puta tienes a mi hija! ¡DEVUÉLVEME A MI BEBÉ!- Los ojos me escuecen y empiezan a derramar lágrimas calientes que humedecen mis mejillas. Me levanto efusiva pero ambas manos se apoyan en mis hombros y antes de que estirara las piernas ya me empujaban hasta el suelo. 
Le miré de soslayo con las lágrimas cayendo a raudales por mis mejillas y los sollozos de mi bebé sonando de eco a lo lejos. Cada grito me rompía un poquito más por dentro, cada vez que la oía como agonizaba era como si me fuera matando poco y lentamente, como si fuera una tortura. Pero así lo era, el gilipollas que tenía delante quería esto, torturarme verme sufrir de esta manera, él disfrutaba viéndome así. Entonces las lágrimas cesaron, algo dentro de mí me dijo que tenía que ser fuerte, aunque fuera sólo por esta vez, por ella. Le miré irradiando furia por mis pupilas.
Pero, obviamente, a parte de verme sufrir él tenía otro motivos de hacer esto, motivos ocultos.
-Ya has escuchado, no estás sola en esto.- Su cara era seria, irreconocible. Nada que ver a cómo se comportaba cuando estaba con Max.
-¡Falso!- Le espeté de repente.
-¡Quieres callarte niñata! Si quiero puedo dar una orden ahora mismo y le cortaran el cuello a tu hija antes de que tu puedas reaccionar. Incluso pueden hacerlo ante tus ojos sin que tú puedas hacer nada.- Y entonces sentí que mi corazón se paraba por un momento. Ví pasar la imagen de Diana tan risueña y sonriente como siempre y luego con un tajo en el cuello emanando sangre sin cesar y sentí que me fallaban las piernas y la cabeza empezaba a darme vueltas. 
-No lo hagas por favor, mátame a mí, pero déjala a ella con vida.- Sabía que mis súplicas no servirían de nada, que si quisiera lo haría como había dicho, pero tenía que intentarlo, haría lo que fuera porque la dejaran salir de aquí.
-No quiero matarte, no me caes bien pero tampoco me has demostrado nada para que quiera matarte.
<<Que simpático, ¿no?>>- pienso.
-Hagamos un trato, si me dices dónde está la llave de tu madre yo te dejo marchar a ti y a todos tus familiares.
-Espera un momento, ¿cómo que todos?
Para empezar no sabía de que llave me estaba hablando. Ya vinieron buscando la herencia de mi madre una vez y yo no sabía de nada de ella y encima de que me la robaron (el diario y un anillo de oro blanco) pagué las consecuencias. Esta vez no lo haré, que vuelvan a registrar la abandonada casa y que lo encuentren yo no sé nada de las cosas de mi madre.
-Dime donde está y esto acabará ya.
-No sé de que llave me hablas Tobias. Soy la primera que quiero acabar con todo esto, pero siento decirte que no sé que llave dices. Toda la herencia de mi madre está en mi casa de Doncaster, llama a tus secuaces y diles que la busquen allí. 
-Nena ya me he adelantado, pero no ha servido de nada. Buscaron por todas partes, bajo alfombras, detrás de muebles, en todos los cajones... pero la llave no aparece, incluso saqueamos la casa de Max y no hubo resultado, nuestra última conclusión eres tú.
Se me heló la sangre. 
-No la tengo te lo juro, no tendría ningún problema en dártela, no sé para qué la queréis pero seguro que os hace más falta que a mí, pero la cuestión es que no la tengo, ni siquiera sé cuál es la llave.- Las lágrimas amenazaban con volver a las andadas, pero intenté controlarme.
-En ese caso vete contando las horas que le quedan de vida a tu pequeña.
-No por favor, haré lo que sea pero no la matéis...- No tenía ya fuerzas para gritar.
-¡Dame la llave!- Exclamó él. Pero negué con la cabeza, no quería volver a repetirle que no la tenía. La presión de sus manos sobre mis hombros aminoró y poco a poco se levanto alejándose despacio hasta la puerta, veía la luz que brillaba desde el pasillo de mármoles intentando disfrutarla antes de que se cerrara de nuevo y no la volviera a ver. Cogió el picaporte y antes de cerrar se giró y me miró encogida en la esquina con la cabeza apoyada en la pared mirando triste hacia la puerta dónde él se encontraba.
-Recuerda que no sólo estaba Diana en la casa... ¿Sabías que cuando encierras a un pájaro deja de cantar? - Y después de volver a registrarme con la mirada cerro la puerta entre risotadas. 
No entendí aquella pregunta, pero la oscuridad ya se cernía sobre la habitación, y al ser de noche fuera no entraba ya nada de luz por la alta ventana. La cabeza me daba vueltas, y sin querer me fundí en un profundo sueño. 


Un fuerte golpe me despertó. Estaba tirada en el suelo con magulladuras en la piel desnuda de las manos y cuello. La fina camisa que llevaba ya no servía de nada, la noche se había cernido sobre la ciudad y el frío entraba por las paredes de piedra hundiéndose en mi piel y atravesando mis huesos. Un tímido rayo de luna entraba por la ventana, alumbraba lo suficiente para diferenciar las cuatro paredes y la puerta, aunque no servía de nada, no iba a moverme de allí.
¿O sí?
¿Iba a rendirme ya?
Y entonces recordé los sollozos incansables de Diana que me quemaban la piel y el corazón. Ahogue una expresión y maldije para mis adentros. Tenía que salir de allí y recuperarla. Me levanté de un salto y me di cuenta que aunque sólo había dormido un par de horas había recargado las pilas lo suficiente para armarme de valor y salir en su busca. Pero me dí cuenta de que ya no se escuchaban sus lloros, había un total silencio. Me apoyé de nuevo en la pared e intente aclararme.
Y sin saber cómo apareció una frase en mi cabeza.. "¿Sabías que cuando encierras a un pájaro deja de cantar?"
Hace unas horas no sabía por qué lo había dicho, el cansancio se apoderó de mí y no lo pensé. "Recuerda que no sólo estaba Diana en la casa", dio. Y como piezas de puzles mi mente fue resolviendo el problema...
Hablaba de Louis.
Mi Louis. También lo tenía a él. Y como si un rayo me hubiera atravesado de la cabeza a la punta de los pies corrí hacia la puerta y me encaramé con el picaporte intentando abrirlo, pero estaba cerrado con llave y sabía que era incapaz de tirar una puerta de dos metros de acero. Di pasos hacia atrás sin dejar de mirar en ningún momento la puerta. Sabía que gritar tampoco funcionaría, nadie me abriría la puerta solo para dejarme huir y sería perder energía.
Yo solo quería salir de allí y salvar a Diana y a Louis. Que ellos salieran, ya si luego me cogieran no me importaría, pero ellos tenían que estar lejos de aquí.
-Tengo que salvarlos.- Dije en susurro, aunque podría gritarlo, nadie se inmutaría.
<<Tengo que salir de aquí, tengo que salir de aquí>>- pensaba sin cesar.
Y como si de magia se tratara el picaporte se giro y la puerta se abrió. Un señor barrigudo, bajo y con el pelo cano se hizo paso a través de la puerta. Llevaba una bandeja en la mano con lo que parecía comida.
En una fugaz mirada le registré de arriba abajo y no divisé ningún arma a la vista, pero tampoco podía fiarme, podría llevarlas escondidas. La comida humeaba y mi estómago rugía cual león hambriento.
El pasillo de mármoles parecía estar atrayéndome con una fuerza sobrehumana. Cualquier paso en falso y el barrigudo me pillaría por banda y todo se iría a la mierda.
De repente unas imágenes me invadieron...


<<Es ahora o nunca, si no salgo ya no los tendrán más tiempo con vida>>- pienso.
Y en cuanto el barrigón se agacha para dejar la bandeja en el suelo, empiezo a correr hacia la puerta. 
-Haber si se notan que salgo a correr.- Susurro.
El barrigón grita y salta pero lo oigo ya lejos, he salido de la habitación. Pero mierda, no he pensado que haría cuando saliera. Sigo corriendo el interminable pasillo de mármoles cuando dos habitaciones por delante de mí una puerta está abierta y se escucha como lo que parece ser una cuerda choca una y otra vez con algo o alguien porque también se escuchan gritos.
-¡LA MUCHACHA HA ESCAPADO! ¡LA NIÑATA SE HA ESCAPADO!- Grita el barrigón desde la puerta de mi jaula, pero ya me da igual.
Los gritos han cesado pero eso no me frena, si hay alguien más encerrado en esta cárcel merece ser liberado así que en cuanto llego tuerzo a la izquierda y entro a la habitación.
En el suelo de alfombra de estampados rojos hay un cuerpo tirado con unos pitillos negro, descalzo y con la espalda desnuda llena de heridas y cortes que no paran de sangrar. Por un momento creo sentir que me caigo pero no, sigo estática, impactada por la escena. Cuando de repente el cuerpo intenta levantarse apoyadas las manos en el suelo, cuando levanta la cabeza el alma parece haberse caído al suelo o al submundo.
-¡Louis!- Grito desesperada. Él alza aún más la cabeza mirando en mi dirección, pero solo puede hacer una mueca de dolor, sus brazos le fallan y se vuelve a caer para quedar tendido en el suelo.- ¡LOUIS!



FIN DEL CAPÍTULO

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¡Muy buenas!
Siento haber tardado tanto en escribir, he estado muy liada pero por fin he tenido un ratito para subiros algo :) Sé que he sido bastante dura en este capítulo, pero ya me vais conociendo que suelo escribir cosas así.
¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Os ha gustado o no? Contadme todo lo que habéis sentido, y que habéis pensado y demás, tengo unas ganas tremendas de leeros otra vez :D
Quería haceros una pregunta, ¿os está gustando esta novela? Pues siento deciros que esta fic va tocando su fin, el próximo capítulo será el último *ohhhhhh* :((((
¡¡¡Pero no os preocupéis!!! Ya tengo la siguiente novela preparada y es de.... *redoble de tambores* ¡LIAM! *aplausos* Ya he hecho una de Niall, Harry, Zayn y esta de Louis, y está claro que Liam no iba a ser menos, así que protagonizará la siguiente novela, ¿qué os parece?
Con esto me despido hasta el siguiente cap, muchos besos preciosas :) Xxx